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Lector Constante
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Date:2007-01-05 13:26
Subject:Lector Constante sigue con vida
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Sólo que ha sido todo un poco lioso.
Disuélvanse y vuelvan a resolverse en Lector Constante , donde se les dará la bienvenida como merecen.

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Date:2006-08-05 03:37
Subject:No hay nada como el hogar
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Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Rápido resumen de los acontecimientos y un relato, por ese orden:

*Fui a Madrid. Cuánto sol.

*Me entrevisté con el Superior Desconocido.

*No me dio la fama ni la fortuna. Total, para lo que iba a hacer con ellas...

*Me dio trabajo. Por llamarlo de alguna forma.

*Volví a Asturias, tralarí, tralará. Cuánta lluvia.

*Estaré en Madrid el 1 de septiembre y seré una laboriosa hormiguita.

*La Biblioteca Constante se muda conmigo. Todo será alegría, alborozo y zapateta.

*Tengo que buscar un lugar donde haya conexión a Internet, tolerancia a la nicotina y espacio para Kowalski, la Rata Constante de la Biblioteca.

Mi nombre es Kowalski
Capaz de comerse su peso en incunables. Animalito.

*Agosto va a ser el mes más cruel. Hará calor, estaré buscando un hangar, dulce hangar, y tendré poco tiempo para dedicarles a ustedes, Amigos Lectores. Grñfgh.

*Hasta que lleguen días de calma, vayan leyendo este relato.

***

REVOLUCIÓN

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.

Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.

Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.

Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.

Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.

La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, que siempre había sido mi posición preferida.

Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.

Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo... Ah, si no fuera por ese "cierto tiempo". Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.

Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.

Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.

Sí, ésa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez "cierto tiempo" también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio ­es decir, el cambio seguía siendo un cambio­, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.

De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.

Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.

Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

***

¿Les ha gustado? Es de un tal Slawomir Mrôzek, dramaturgo polaco, y es recomendación y préstamo del amigo J.kn, a quien Alá (el compasivo, el misericordioso) le dé la paz, la alegría y un abono para la clínica Betty Ford, que buena falta le hace.

Me voy a mis quehaceres, Amigos, pero espero estar pronto de vuelta con ustedes.

Tengan cuidado ahí fuera. Yo también tendré que tenerlo. Ay.
Constant Reader.

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Date:2006-07-18 09:55
Subject:Nos vamos a ver al mago
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Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Lo dicho, que me voy a Oz a ver al mago. Es decir, a Madrid y a conocer a un Superior Desconocido que puede agitar la varita y darme la fama y la fortuna. O nada de lo anterior, por supuesto.

No se preocupen y no sufran demasiado los rigores de la abstinencia: volveré en cosa de una semana y traeré libros y estúpido anecdotario para ustedes, Amigos.

Hasta entonces, lean algo de... mmm... Spinrad y tengan cuidado ahí fuera.
Constant Reader.

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Date:2006-07-13 12:28
Subject:Semana Negra y otros asuntos
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Les tengo sumidos en el más atroz de los abandonos, ya lo sé, ya lo sé. Y ahí están ustedes, con sus sandalias, su bocadillo de tortilla, su sombrerito de paja, su toalla... y sin saber qué libro tienen que llevarse a la playita. Mal, muy mal. Qué desidia la mía, oigan. Por hoy, llévense el dichoso sudoku, y a ver si esta semana vuelvo al ritmo habitual de recomendaciones. Gñfgh.

Les he tenido abandonados porque he estado, y aún estoy, trabajando en la Semana Negra. Los Amigos y Desconocidos Lectores que vivan en Asturias o que saliven copiosamente al leer las palabras Harry Stephen Keeler ya sabrán de qué les estoy hablando. Los que vivan en otros lugares o en la terrible ignorancia, pueden pasarse a echar un vistazo por aquí:

http://www.semananegra.org/

De todas formas, cuando acaben estos días de caos y calorazo, les contaré detalladamente lo que es y lo que hace la Semana Negra. Con fotos, reseñas y hasta recetas de tarta. Once you go black, you never go back. Ya verán, ya.

He estado leyendo, en los ratos libres, cosas harto bellas. Ciencia ficción, porque no sólo de Capote vive el hombre, y también algo de terror y de fantasía. Me reservo ese montón de recomendaciones para el dichoso dominio, que estará funcionando a finales de verano. Y tendremos una hermosa sección dedicada en exclusiva a los géneros del asombro y el escalofrío: terror, misterio, suspense, ciencia ficción, fantasía y demás maravillas de la letra impresa. La sección se llamará Cuidado con el ojo reptante, como algunos de ustedes ya sabían, y estará encabezada por este hermosísimo dibujo, obra del amigo Circuitry:

The ultimate crawling eye
Amable y viscoso trabajador de la Biblioteca Constante

¿No es bellísimo? ¿No repta y supura como los mismísimos ángeles? ¡Gracias, Circ!

Hasta entonces, hasta que todas estas vanas promesas se hagan realidad, les dejo un relato del ilustre caballero Robert Sheckley. Algunos, muchos de ustedes ya lo conocen y tienen el pelo más lustroso, los ojos más brillantes y la piel más suave. Eso es bueno. Otros no lo han oído mencionar jamás, criaturitas, y andan por ahí creyendo que tienen una vida digna y hasta agradable. Esa ilusión termina hoy y termina aquí. Lean, lean el estupendo relato del señor Sheckley y dejen su correo electrónico en la sección de comentarios si quieren que les envíe alguno más. Porque ustedes lo merecen y él también.

***

LOS DEMONIOS
Robert Sheckley
The Demons, © 1953. Traducido por Norma B. de López y Edith Zilli en La séptima víctima, relatos de Robert Sheckley, Nebulae 17, Editorial Sudamericana S. A., 1979.

***

Arthur Gammet caminaba por la Segunda Avenida. Era un lindo día primaveral, no demasiado frío; lo bastante como para resultar vigorizante. Un día perfecto para vender seguros. Bajó de la acera en la calle 9.
Y desapareció.

—¿Ha visto eso? —preguntó el ayudante del carnicero a su patrón.

Ambos estaban apoyados contra el frente del negocio mirando pasar la gente.

—¿Si vi qué cosa? —preguntó el carnicero, un hombre corpulento y de tez rojiza.

—Ese hombre del abrigo. Desapareció.

—¡Aja! —dijo el carnicero—. Habrá girado por la 9, ¿y qué?

El ayudante no había visto que Arthur girara por la 9, ni a la derecha ni a la izquierda, y tampoco lo había visto cruzar. Había desaparecido, estaba seguro. Pero ¿cómo insistir en eso? ¿Adonde va a parar uno si le dice al patrón que está equivocado? Además, el tipo del abrigo podría haber girado por la 9, después de todo. ¿Por dónde, si no?

Pero Arthur Gammet ya no estaba en Nueva York. En verdad había desaparecido.

En algún sitio, no necesariamente sobre la Tierra, un ser llamado Nelsebú miraba fijamente un pentágono. En el interior de la figura había algo que él no había llamado. Nelsebú puso cara agria, tenía sobradas razones para sentirse enojado. Había pasado años desenterrando fórmulas mágicas, experimentando con hierbas y esencias, leyendo los mejores libros de hechicería y brujería. Había puesto sus conocimientos en un gigantesco esfuerzo ¿y qué resultaba de eso? Aparecía un demonio que no tenía nada que ver.

Naturalmente, cabían muchos errores. La mano herida del cadáver... podía ser la de un suicida, pues no se podía confiar ni en el mejor de los comerciantes. O quizá la línea del pentágono estaba ligeramente ondulada; eso era muy importante. O tal vez había cambiado el orden de las palabras que formaban el conjuro. Con que una sola sílaba fuera entonada equivocadamente bastaba para provocar algo así.
De cualquier modo, la cosa ya no tenía remedio. Nelsebú apoyó un hombro cubierto de escamas rojas contra la enorme botella que estaba a sus espaldas y se rascó el otro con una uña similar a una daga. Como solía ocurrir cuando se sentía perplejo, su cola espinosa se agitó con movimientos inseguros.
Al menos tenía un demonio, cualquiera que fuese.
Pero ese individuo que estaba en el interior del pentágono no se parecía a ningún demonio convencional. Esos pliegues flojos de carne gris, por ejemplo... Bueno, claro que los relatos históricos eran muy poco exactos. No importaba mucho a que especie de seres sobrenaturales pertenecía: tendría que servir. De eso estaba seguro. Nelsebú acomodó sus pies provistos de cascos bajo el cuerpo y aguardó a que el extraño hablara.

Arthur Gammet estaba demasiado aturdido como para hablar. En cierto momento había estado caminando hacia la oficina de seguros, pensando en sus propios asuntos, disfrutando del buen aire de comienzos de primavera. Al descender de la acera en la Segunda Avenida y la calle 9... había aterrizado allí. ¿Dónde quedaba ese "allí"?

Inclinándose ligeramente logró ver, a través de la espesa niebla que llenaba el cuarto, un inmenso monstruo cubierto de escamas rojas sentado en cuclillas. A su lado había algo similar a una botella, pero de tres metros de altura. Aquel ser tenía una cola espinosa con la que se estaba rascando la cabeza mientras clavaba en Arthur sus ojillos de cerdo. Arthur trató de retroceder apresuradamente, pero no logró dar más de un paso. Notó que estaba dentro de un área delimitada con tiza: algo le impedía pasar por sobre las líneas blancas.

Al fin la criatura quebró el silencio, diciendo:

—Ya ves, ahora te tengo en mi poder.

No eran ésas las palabras que pronunciara: los sonidos eran totalmente extraños. Pero de algún modo Arthur comprendió el pensamiento que expresaban. No se trataba de una transmisión telepática: más bien, era como si estuviera traduciendo un idioma extranjero de modo automático y coloquial.

—Confieso que estoy bastante desilusionado —prosiguió Nelsebú, al ver que el demonio capturado no respondía—. Todas nuestras leyendas dicen que los demonios son seres horrendos, de cinco metros de altura; dicen que tienen alas y una cabeza diminuta y un agujero en el pecho que arroja chorros de agua fría.

Arthur Gammet se quitó el abrigo y lo dejó caer a sus pies. Consideró vagamente la idea de que los demonios pudieran eyectar chorros de agua fría, Ese cuarto era un horno. Su traje gris se había convertido en una masa de tela arrugada empapada en sudor.
Con ese pensamiento llegó la aceptación: aceptó la existencia de la criatura roja, de las líneas de tiza que no podía atravesar, del cuarto caldeado... Todo.

En libros, revistas y películas había visto que cualquier hombre puesto en una situación extraña suele decir: "Pellízquenme; debo estar soñando", o " ¡Dios mío, esto no puede ser: estoy loco o borracho!" Arthur no tenía la menor intención de decir cosas tan absurdas como ésas. Por una parte, a aquella enorme criatura roja no le gustaría mucho; por otra sabía que no estaba soñando, ni borracho ni loco. En su vocabulario no había palabras adecuadas para expresarlo, pero él lo sabía. Un sueño era una cosa, y ésta era otra totalmente distinta.

—Las leyendas no dicen que los demonios puedan quitarse la piel —dijo Nelsebú, pensativo, mientras contemplaba el abrigo caído a los pies de Arthur—. ¡Qué interesante!

—Esto es un error —dijo Arthur, con firmeza.

La experiencia adquirida como agente de seguros le prestaba ahora gran utilidad. Esta acostumbrado a tratar con toda clase de gente y a sortear todo tipo de situaciones enrevesadas. Era evidente que esa criatura había tratado de atraer a un demonio. Nadie tenía la culpa de que hubiese invocado a Arthur Gammet. El pobre parecía estar bajo la impresión de que "él" era un demonio, y era necesario rectificar inmediatamente ese error.

—Soy agente de seguros —dijo.

La criatura meneó su enorme cabeza cornamentada y agitó la cola de un lado a otro, en señal de disgusto.

—Las funciones que cumplas en el otro mundo no me interesan en lo más mínimo, —gruñó—. No me importa qué clase de demonio eres.

—Pero le digo que no soy un ...

—¡No mientras! —aulló Nelsebú, lanzándole una mirada iracunda desde una esquina del pentágono—. Sé que eres un demonio. ¡Y quiero drasto!

—¿Drasto? No sé que...

—Ya conozco todas sus tretas demoníacas —dijo Nelsebú, calmándose con visible dificultad—. Sé muy bien, y tú también lo sabes, que cuando se conjura un demonio éste debe conceder un deseo. Te he conjurado y quiero drasto. Cinco mil kilos de drasto.

—Drasto... —balbuceó Arthur, incómodo, desde el rincón más apartado del monstruo y su peligrosa cola.

—Drasto, o vuto, o hakatinny, o sup-der-up. Todo es lo mismo.

Arthur Gammet comprendió que hablara de dinero. Aunque ese argot le era desconocido, no había forma de confundir el sentido involucrado en esas palabras. Sin duda alguna drasto era la moneda corriente en ese país.

—Cinco mil kilos no es mucho —dijo Nelsebú con una sonrisa taimada—. Para ti no lo es. Deberías alegrarte de que yo no sea como esos tontos que piden la inmortalidad.

Arthur se alegró.

—¿Y si no lo hago? —inquirió.

Una arruga en el ceño de Nelsebú reemplazó a la sonrisa.

—En ese caso me veré forzado a conjurarte nuevamente... dentro de la botella.

Arthur contempló la botella verde que se alzaba sobre la cabeza del monstruo. Era ancha en la base opaca y se afinaba hasta el cuello delgado. Si aquel ente lograba meterlo allí, jamás podría escapar por ese cuello. Si el ente lograba meterlo allí. Y Arthur no dudaba de que lo lograría.

Nelsebú volvió a sonreír con más ironía que nunca.

—Claro que no hay motivos para tomar medidas tan drásticas. No te costará mucho conseguirme cinco mil kilos de buen sup-der-up. Con sólo un ademán de la mano puedes hacerme rico.

Hizo una pausa y su sonrisa se tornó más zalamera.

—¿Sabes? —prosiguió— Esto me ha llevado mucho tiempo. Leí muchos libros y gasté un montón de vuto.

De pronto su cola azotó el suelo como una bala que rebotara sobre granito.

—¡No trates de jugarme una mala pasada! —gritó.

Arthur descubrió que la fuerza de la tiza se extendía hacia arriba hasta donde él podía alcanzar. Con mucha cautela se recostó contra la pared invisible y descubrió que lo sostenía.
Cinco mil kilos de oro. Evidentemente, la criatura era algún mago. Dios sabía de dónde. Tal vez de otro planeta. Había tratado de conjurar un demonio que le concediera un deseo, y allí estaba él. Quería obtener algo por su mediación: de lo contrario allí estaba la botella. Todo era irrazonable, pero Arthur Gammet comenzaba a sospechar que la mayor parte de los magos eran irrazonables.

—Trataré de conseguirte el drasto —dijo Arthur, comprendiendo que debía decir algo—. Pero para eso debo regresar al... ejem... submundo. No es cierto que se pueda hacer con un ademán de la mano.

—Está bien —dijo el monstruo, con una mirada libidinosa—. Confiaré en ti. Pero recuerda que puedo traerte de regreso cuando quiera, de modo que no trates de escaparte. ¡Ah, me llamo Nelsebú!

—¿Tienes algo que ver con Belcebú? —preguntó Arthur.

—Era mi bisabuelo —replicó Nelsebú, echándole una mirada suspicaz—. Un gran soldado. Lástima que...

Nelsebú se interrumpió bruscamente, lleno de cólera.

—¡Ustedes los demonios lo saben muy bien! ¡Vete! ¡Y trae ese drasto!

Arthur Gammet volvió a desaparecer.

Se materializó en la esquina de la Segunda Avenida y la calle 9, donde desapareciera anteriormente. El abrigo estaba a sus pies; tenía las ropas empapadas en sudor. Se tambaleó un poco antes de recuperar el equilibrio, puesto que había estado recostado contra el muro de energía en el momento en que Nelsebú lo enviara de regreso. Tras recoger su abrigo volvió de prisa a su departamento. Por fortuna había poca gente alrededor. Dos amas de casa dieron un respingo y se apartaron rápidamente. Un caballero vestido con mucha elegancia parpadeó cuatro o cinco veces y dio un paso adelante como si quisiera preguntar algo; por último cambió de idea y se alejó precipitadamente hacia la calle 8. El resto pareció no reparar en él o no preocuparse en absoluto.
Ya en su departamento de dos ambientes, Arthur hizo un débil intento por descartar todo aquello como si fuera un sueño. Falló lamentablemente, no tenía más remedio que calcular sus posibilidades.
Tal vez pudiera conseguir el drasto, siempre que descubriera de qué se trataba. Ese elemento de tanto valor para Nelsebú podía ser cualquier cosa. Plomo, quizás, o hierro. Aun así sus escasos recursos quedarían exhaustos.

Podía acudir a la policía. Y lo encerrarían en un asilo. Estaba fuera de cuestión.
O no conseguir el drasto... y pasar el resto de sus días en una botella. También estaba fuera de cuestión.
No le quedaba sino aguardar a que Nelsebú volviera a conjurarlo y averiguar qué era el drasto. Quizá fuera tierra, tierra común; si Nelsebú podía conseguir transporte, la obtendría en la granja de su tío en Nueva Jersey.
Arthur Gammet telefoneó a la oficina para comunicar que estaba enfermo y que faltaría varios días. Después se preparó un bocadillo en la cocina, orgulloso de su buen apetito. No cualquiera era capaz de enfrentar la grave posibilidad de verse encerrado en una botella sin perder las ganas de comer. Limpió la cocina y se cambió de ropas, poniéndose un traje ligero. Eran las cuatro y media de la tarde. Se tendió en la cama y aguardó. A eso de las nueves y media desapareció.

-Has vuelto a cambiar la piel —comentó Nelsebú—. ¿Dónde está el drasto?.

Y caminó en torno al pentágono retorciendo ansiosamente el rabo.

—No lo tengo escondido tras la espalda —indicó Arthur, volviéndose a mirarlo—. Necesito más información.

Y adoptó una pose indiferente, recostado contra las líneas invisibles que irradiaban de la pared.

-También necesito tu promesa de que me dejarás tranquilo una vez que te haya conseguido eso.

—Por supuesto —respondió Nelsebú alegremente—. De cualquier modo, sólo puedo pedir un deseo. ¿Sabes qué haré? Te ofreceré el gran juramento de Satanás. Como sabes, lo compromete a uno para siempre.

—¿Satanás?

—Uno de nuestros primeros presidentes —dijo Nelsebú con aire de gran respeto—. Mi bisabuelo Belcebú sirvió a sus órdenes. Por desgracia... ¡oh, bueno, tú ya sabes todo eso!

Nelsebú pronunció el gran juramento de Satanás. Era en verdad impresionante. Mientras lo decía, las neblinas azules de la habitación se tiñeron de rojo en los bordes y los contornos de la enorme botella se alteraron de un modo horripilante bajo la luz difusa. Arthur sudaba a chorros aun con el traje de verano. Le habría venido bien ser uno de esos demonios que exhalaban frío.

—Ya está —dijo Nelsebú, erguido en medio de la habitación, con la cola enroscada en torno a la cintura.

En sus ojos había una mirada extraña, la mirada de quien recuerda glorias pasadas. Comenzó a ir y venir frente al pentágono, arrastrando la cola.

—Ahora ¿qué clase de información quieres?

—Descríbeme ese drasto.

—Bueno, es suave, pesado...

Podía ser plomo.

—Y amarillo.

Oro.

—¡Hum! —dijo Arthur, contemplando la botella—. ¿No suele ser gris algunas veces?

—No. Es siempre amarillo. A veces tiene un tinte rojizo.

Oro, sin lugar a dudas. Arthur contempló aquel monstruo escamado que iba y venía con ansiedad apenas contenido. Cinco mil kilos de oro. Eso equivalía a... No, no valía la pena hacer el cálculo. Imposible.

—Necesito algún tiempo —dijo—. Unos sesenta o setenta años. Oye, te llamaré en cuanto...

Nelsebú le interrumpió con una rotunda carcajada. Por lo visto, Arthur acababa de tocar su rudimentario sentido del humor, pues se apretaba las caderas, aullando de risa.

—¡Sesenta o setenta años! ——gritaba. La botella se estremeció; hasta las líneas del pentágono parecieron ondular.

—¡Te daré sesenta o setenta minutos! ¡Si no, a la botella!

—Espera un momento —pidió Arthur desde el otro extremo del pentágono—. Necesito un poco de... ¡Aguarda!

Acababa de ocurrírsele una idea; sin lugar a dudas, la mejor idea de su vida. Más aún, era una idea propia.

—Necesito la fórmula exacta que empleaste para invocarme —dijo Arthur—. Debo verificar que todo esté en orden con la oficina principal.

El monstruo, colérico, lo llenó de maldiciones. El aire se tornó negro y purpúreo; la botella tintineó, vibrando en el tono de la, voz de Nelsebú; el cuarto entero pareció hervir. Pero Arthur Gammet se mantuvo firme. Explicó pacientemente al monstruo, siete u ocho veces, que no serviría de nada embotellarlo, puesto que así jamás se reuniría con el oro. Sólo quería la fórmula, y eso no debía ser tan...
Al fin la consiguió.

—¡Y nada de tretas! —tronó Nelsebú, indicando la botella con manos y cola.

Arthur asintió débilmente y reapareció en su propio cuarto.

Pasó los días siguientes en una frenética búsqueda por la ciudad de Nueva York. Algunos de los ingredientes eran fáciles de encontrar, como la rama de muérdago y el sulfuro. El musgo de cementerio resultó más complicado, al igual que el ala izquierda de murciélago. En cambio otra cosa lo tuvo perplejo por algún tiempo: la mano herida del hombre asesinado. Finalmente consiguió una en un negocio que se especializaba en satisfacer los requerimientos de los estudiantes de medicina. El comerciante le garantizó que la mano pertenecía al cuerpo de un hombre fallecido de muerte violenta. Arthur sospechó que el hombre sólo trataba de seguirle el juego, pero no podía hacer nada al respecto.
Entre otras cosas compró una botella grande. Resultó muy barata, para su sorpresa. Vivir en Nueva York tenía sus compensaciones. Por lo visto, no había nada, absolutamente nada que no se pudiera comprar.

Tres días después tenía ya todos los materiales necesarios. En la medianoche del tercer día los acomodó en el suelo de su departamento. En la ventana brillaba la luz de la luna; le faltaba un cuarto para ser luna llena, pero el conjuro no especificaba con mucha claridad en que fase debía realizarse el hechizo. Todo parecía estar en orden. Arthur dibujó el pentágono, encendió las velas, quemó el incienso y comenzó a cantar. Suponía que siguiendo estrictamente las indicaciones podría conjurar a Nelsebú. Entonces expresaría el deseo de que Nelsebú lo dejara en paz. Parecía perfecto.
Mientras entonaba la fórmula se esparcieron por el cuarto las neblinas azules; pronto vio que algo crecía en el centro del pentágono.

—¡Nelsebú! — gritó.

Pero no era Nelsebú.

En el pentágono había un ser de quince metros de altura; tuvo que encorvarse hasta tocar casi el suelo con la cabeza a fin de caber en el departamento. Era algo pavoroso, dotado de alas, con cabeza muy pequeña y un agujero en el pecho.
Arthur Gammet había conjurado a un demonio que no tenía nada que ver con Nelsebú.

—¿Qué significa esto? —preguntó el demonio, lanzando un chorro de agua helada por el pecho.

El agua golpeó contra las paredes invisibles del pentágono y cayó al suelo. Aquel ademán debió ser mero reflejo, pues el cuarto de Arthur estaba fresco.

—Quiero que cumplas mi deseo —dijo Arthur.

El demonio era azul y delgado hasta lo increíble; sus alas eran sólo dos vestigios. Golpearon una o dos veces contra la estructura ósea del demonio antes de que éste contestara:

—No sé quién eres ni cómo me has traído aquí. Pero eres inteligente, sin lugar a dudas.

—Nada de charlas —replicó Arthur, nervioso, mientras se preguntaba cuánto tardaría Nelsebú en volver a conjurarlo. Quiero cinco mil kilos de oro.También se lo conoce como drasto, hakatinny o sup-der-up.

En cualquier momento podía encontrarse dentro de una botella.

—Bueno —dijo el demonio congelante—. Pareces estar bajo la errónea impresión de que yo soy...

—Tienes veinticuatro horas.

— No soy rico —dijo el demonio—. Apenas un pequeño comerciante. Pero si me das tiempo...

—Si no, a la botella —dijo Arthur.

Al señalar la gran botella que había puesto en el rincón comprendió que jamás podrían caber en ella los quince metros de demonio.

—La próxima vez que te conjuré tendré una botella lo bastante grande como para que quepas en ella—agregó—. No sabía que eras tan alto.

—He oído contar que alguna gente desaparece —musitó el demonio—. Esto es lo que pasa. El submundo. De cualquier modo, nadie me lo creería.

—Consígueme ese drasto —dijo Arthur—. ¡Vete!

El demonio congelante desapareció.

Arthur Gammet sabía que no podía permitirse más de veinticuatro horas, y aun así era calcular las cosas con márgenes demasiado estrechos: ¿cómo saber cuando decidiría Nelsebú que ya le había dado bastante tiempo? No había forma de adivinar lo que haría aquel monstruo escamoso si se sentía desilusionado por tercera vez. Hacia el final del día, Arthur se encontró aferrado a la rejilla de la calefacción. ¡De poco le serviría cuando lo conjuraran otra vez! Pero era consolador tener algo firme donde aferrarse.
Además, era una vergüenza haberse visto obligado a actuar así con el demonio congelante. Era bien obvio que el demonio no era tal, así como tampoco Arthur lo era. Bueno, jamás lo metería en la botella. Si Nelsebú no se mostraba satisfecho no serviría de nada hacerlo.

Por último volvió a murmurar el encantamiento.

—Tendrás que ensanchar tu pentágono —dijo el demonio congelante, incómodamente agachado—. No tengo lugar para...

—¡Vete! —dijo Arthur.

Borró febrilmente el pentágono y volvió a dibujarlo, empleando en esa oportunidad toda el área de la habitación. Arrinconó la botella en la cocina (era la misma botella, pues no había logrado encontrar una de quince metros) y se instaló en el ropero. Entonces repitió la fórmula. Una vez más aquellas espesas neblinas azules se retorcieron sobre él.

—No te apresures —dijo el demonio congelante desde el interior del pentágono—. Aún no tengo el sup-der-up. Se ha producido un embotellamiento, puedo explicártelo todo.

Batió las alas para aventar las neblinas. Detrás de él había una botella de tres metros de altura. En su interior, verde de rabia, estaba Nelsebú. Parecía gritar, pero la botella taponada no dejaba oír sus gritos.

—Conseguí la fórmula en la biblioteca —dijo el demonio—. Casi me desmayo cuando eso funcionó. Siempre he sido un comerciante testarudo, ¿sabes?. No me gustan estas cosas sobrenaturales. Pero hay que hacer frente a los hechos. De cualquier modo, aquí tengo este demonio...

Señaló la botella con uno de sus flacos brazos y explicó:

—No quiere colaborar, así que lo embotellé. El demonio congelante recibió con un suspiro la sonrisa de Arthur: era un alivio, aunque fuera momentáneo.

—Oye, no quiero que me embotelles —prosiguió el demonio congelante—. Tengo mujer y tres hijos. Tú comprendes, con la depresión que hay en seguros y todo eso, no podría conseguir cinco mil kilos de drasto ni con un ejército. Pero en cuanto convenza a este demonio de que...

—No te preocupes por el drasto —dijo Arthur—. Llévate el demonio contigo y mantenlo envasado. En la botella, por supuesto.

—Lo haré — dijo el agente de seguros de las alas azules

—Y con respecto al drasto...

—Olvídate de eso —respondió Arthur calurosamente—. Después de todo los agentes de seguros tenemos que apoyarnos mutuamente. ¿Te ocupas de hurtos e incendios?

—Estoy más en la línea de accidentes —respondió el otro.

—Pero te diré: he estado pensando...

Nelsebú rabiaba y profería juramentos en el interior de la botella. Los dos agentes de seguros seguían analizando los pormenores de su profesión.

***

Bello, ¿verdad? Pues hale, a asaltar las bibliotecas y las librerías de segunda mano. Porque Sheckley es justo y necesario, claro que sí. Yo me voy a comer con mi tía australiana, que me ha traído un libro y para la que tengo kilo y medio de repostería asturiana con avellanas. Yummi.

Tengan cuidado ahí fuera, donde agita sus tentáculos el Ojito Reptante.
Constant Reader.

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Date:2006-06-28 02:43
Subject:Bzzzzz
Security:Public

Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Me van a tener que perdonar la digresión, pero es que esto tenía que contárselo a alguien y ya no son horas de llamar a una casa decente. Pronto volveremos al discurso habitual del Lector Constante, pero ahora lean, lean.

A modo de breve introducción les cuento que llevo cosa de un mes deseando volver a ver una vieja película: La Mosca. No la de 1958, con Vincent Price, que suele estar en la biblioteca y que tengo relativamente reciente, sino la de 1986, con Jeff Goldblum. Ambas, por cierto, están inspiradas en el relato homónimo que escribió el caballero George Langelaan. Mi ejemplar está criando polvo en alguna caja de cartón, pero los Amigos Lectores interesados en echarle un vistazo pueden buscar la edición de Planeta o la de Caralt. Se titula La mosca. Relatos del antimundo, la tradujo, dicho sea de paso, Sánchez Dragó y se encuentra sin mucha dificultad en librerías de segunda mano.

A lo que íbamos. Vi la película hace muchos, muchos años y, por alguna razón, aunque me gustó mucho, nunca volví a verla. Es más, si ayer mismo me hubieran puesto una pistola de rayos letales en la cabeza y me hubieran dicho: enumera todas las películas de Cronenberg o muere, hoy habría fragmentos de mi cráneo (y de su contenido) por toda la habitación. Porque habría olvidado mencionar La Mosca. Porque no me acordaba de quién la había dirigido, vaya.

¿Y a ti qué te pica?

Resumiendo: que tenía ganas de volver a verla y que eso es lo que he estado haciendo hasta este preciso momento. El momento que elijo para copiarles un extracto del monólogo que se marca Seth Brundle (es decir, Jeff Goldblum en calzoncillos) frente a su boquiabierta novieta (es decir, Geena Davis con un peinado completamente ochentas). Lean y pásmense con ella.

Ah. Los Amigos Lectores que no hayan visto la película, harán mejor en dejar de leer aquí y volver a la página de sodomía creativa. Advertidos quedan.

**

Veronica: Algo ha ido mal, Seth. Cuando pasaste... algo salió mal.

Seth: ¿No? ¿Tú no? Si eres demasiado cobarde para ser del club de los invencibles, encontraré a alguna otra, alguien que pueda seguirme.

Veronica: ¡Seth! ¡Tienes que escuch...!

Seth: ¡Tienes miedo de sumergirte en la piscina de plasma! ¡Tienes miedo de ser destruida y vuelta a crear! Apuesto a que piensas que me despertaste en lo de la carne, ¿no? ¡Pero tú sólo conoces la línea prefijada por la sociedad sobre eso! ¡No puedes superar el miedo enfermizo de la sociedad por la carne! ¡O te sumerges o no pruebes la primavera del plasma! ¿Sabes lo que digo? ¡No estoy hablando sólo de sexo y penetración! ¡Estoy hablando de penetrar más allá del velo de la carne! ¡Una penetración en profundidad en la piscina del plasma!

**

Portazo y salida de escena. Y esto, después de haber pasado toda la noche follando como leones. No sé ustedes, Amigos Lectores, pero yo, en circunstancias parecidas, lo más que he llegado a oír ha sido un discreto Ya te llamaré un día de éstos. Snif.

Me vuelvo a la película de inmediato, pero les dejo un par de enlaces con comentarios interesantes, por si se han quedado con ganas de investigar el asunto.

La Mosca de 1958:
http://www.ciencia-ficcion.com/pelis/muchamas/mosca.htm

La Mosca de 1986:
http://www.pasadizo.com/peliculas2.jhtml?cod=461

La Mosca. Relatos del Antimundo:
http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=41

Y sepan que, según Nuestra Amiga Wikipedia, se está tramando un remake de la película para este mismo año. Mientras no lo dirija Amenábar, todos contentos.

Tengan cuidado ahí fuera, donde un díptero nos mira con sus ojos compuestos. Bzzzzzz.
Constant Reader.

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Date:2006-06-20 13:51
Subject:Cras, dijo el cuervo
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Albricias, alborozo y una piñata, Amigos, porque estamos celebrando en la Biblioteca Constante el Día del Procrastinador que, en realidad, no es hoy: es siempre mañana. Como los Lectores Constantes son gente leída y estudiada, seguramente no necesitan que yo les explique lo que es un procrastinador. La mayoría, y especialmente los que se pasan la vida en la página de sodomía creativa, procrastinan como posesos, no lo nieguen.

De todas formas, antes de pasar a otros asuntos y para aquellos que se durmieron en clase de Polisílabos Impronunciables, vamos a buscar la definición y alguna historia edificante. Y luego les cuento a qué viene esta tontería del Día del Procrastinador.

El diccionario de la RAE no recoge procrastinador, pero sí procrastinar:

procrastinar. (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar.

O, más exactamente, del latín pro- (impulso o movimiento hacia delante) y cras (mañana).

Aunque ustedes, Amigos Lectores, no hayan oído antes este palabrejo, seguramente sí que conocen la odiada máxima antiprocrastinación que padres, profesores y otras figuras de autoridad se obstinan en inculcarnos: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Grrrrñfghs. Desde la Biblioteca Constante exhortamos al procrastinador que se respete a responder a esa soberana estupidez con otro refrán completamente idiota, tipo No por mucho madrugar amanece más temprano.

Profesora con hombreras
García, salga a la pizarra y copie cien veces: "No procrastinaré nunca más".

Es más, si está de humor para ello y no tiene nada mejor que hacer (y el buen procrastinador nunca tiene nada mejor que hacer), le animamos a que siembre el desconcierto entre las filas de los refraneadores. Entorne los ojos con suficiencia, diga muy serio: Ya, y en casa del herrero no entran moscas, y abandone la habitación con la cabeza bien alta. Usted sabe que nunca dejará para mañana lo que pueda postergar indefinidamente. Pues claro que sí.

Volviendo al palabro propiamente dicho, les cuento dos cosas más.

Una, que en castellano suele decirse y escribirse procastinar, porque parece que nuestro sistema fonador tiene problemas con las series consecutivas de consonante+líquida+vocal. Los ejemplos más conocidos son las expresiones latinas motu proprio e in flagranti [delicto], que han pasado al castellano como *de motu propio (donde el /de/ no pinta nada, que lo sepan) e *in fraganti. Spain is different, ya saben.

Y dos, la historia del estupendo San Expedito, cuya fiesta se celebra el 19 de abril y cuyas andanzas voy a contarles sin más dilación. Rodríguez, menos cachondeo y atienda.

San Expedito vivió a principios del siglo IV bajo el imperio de Diocleciano. Según la tradición, nuestro muchachote era comandante de la 12ª Legión Romana, a la que llamaban, agárrense, La Fulminante, porque no eran chulos ni nada los romanos. Esta horda de protomachos con faldita estaba establecida en Metilene, sede de una de las provincias romanas de Armenia, con la misión de defender el imperio de los bárbaros asiáticos. Por ejemplo.

Algo ocioso tendría que andar el bueno de Expedito, porque entre batalla y batalla encontró un minuto para ver la luz y decidir hacerse cristiano. En eso estaba, ocupadísimo en convertirse, cuando apareció un cuervo, se le posó cerca, se atusó las plumas y se le quedó mirando.

-¡Cras! ¡Cras! ¡Cras! -graznó el cuervo.

Nunca lo hiciera, pobrecito mío. Expedito, que ya hace falta ser retorcido, vio en el cuervo la mismísima representación del espíritu del Mal porque, como ustedes ya saben, cras significa "mañana", y lo que el pérfido cuervo pretendía era hacerle procrastinar, dejar la dichosa conversión para mañana. ¿Y qué hizo entonces nuestro héroe? Aplastó al cuervo a pisotones, gritando:

-¡Hodie! ¡Hodie! ¡Hodie! (es decir, hoy, hoy, hoy) ¡Nada dejaré para mañana! ¡A partir de hoy seré cristiano!

El cuervo ya no dijo ni grrñieck, claro. El FLA (Frente de Liberación Animal) seguramente andaba ocupado todavía con el asunto del camello al que forzaron a pasar por el ojo de la aguja. Así que Expedito se hizo cristiano y ahí se las dieran todas.

San Expedito triunfante
Me he quedado con tu cara, impío procrastinador. Que no te engañe mi seráfica sonrisa.


El 19 de abril de 303 DC, por orden del Emperador Diocleciano, Expedito fue sacrificado en Metilene junto con sus compañeros Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Todos ellos, ya convertidos al cristianismo, se habían negado a rendir culto a los dioses paganos.

San Expedito es un santo que atiende los casos urgentes en los que, de producirse una demora, habría un gran perjuicio. También es patrono de los jóvenes, socorro de los estudiantes, mediador en los procesos y juicios, salud de los enfermos, protector en los problemas de familia y de trabajo. En general, se le puede invocar para cualquier cosa que corra una prisa del carajo.

En Chile, y creo que también en Perú, le rezan diciendo:

¡San Expedito, San Expedito,
concédemelo altirito!

Altirito, naturalmente, no figura en el diccionario de la RAE, porque es diminutivo. Pero buscamos un poco y encontramos el palabro original:

altiro. 1. adv. t. coloq. Chile. inmediatamente (al punto).


¿Ven cuántas cosas hemos aprendido hoy? La procrastinación, la historia de su principal adversario y una expresión coloquial chilena. Todo esto, para decirles que yo también procrastino que me mato, y que en la entrada anterior iba a contarles más y mejores cosas de Oliver Sacks, pero decidí dejarlo, naturalmente, para mañana. Y el futuro no existe, como ustedes y los punkis saben de sobra, y yo tengo menos palabra que una estatua yacente. Vamos, que ustedes se quedan sin esa entrada como yo me quedé sin bisabuela. Otra vez será, pero vaya uno a saber cuándo.

A cambio, pueden pasar por la sección de comentarios y hacer chistes pésimos con la feliz coincidencia fonética entre Expedito y speed y tirito. Yo también lo haría.

Mañana, más. Ji-ji. Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde mañana será siempre otro día.
Constant Reader.

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Date:2006-06-16 13:29
Subject:Dios mío, no siento las piernas
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Tengo una emergencia doméstica que atender, así que van a permitirme que les presente la entrada de hoy dividida en dos partes. Vayan leyendo este cuento moderno de terror mientras yo peleo con los elementos, y ya vendré luego a traerles más y mejor material. Lean, lean y tiemblen.


***
El hombre que se cayó de la cama

Hace muchos años, siendo yo estudiante de medicina, una de las enfermeras me llamó sumamente desconcertada, y me explicó por teléfono esta extraña historia: tenían un paciente nuevo, un joven, que acababa de ingresar aquella mañana; les había parecido muy agradable, muy normal, durante todo el día... en realidad, hasta hacía unos minutos en que, tras adormilarse un rato, se había despertado. Estaba muy nervioso, muy raro, no parecía el mismo. Se había caído de la cama, no se sabía cómo, y ahora estaba sentado en el suelo, dando voces y armando un verdadero escándalo, y se negaba a acostarse otra vez. ¿Podía, por favor, ir allí y resolver aquel problema?

Cuando llegué me encontré al paciente echado en el suelo junto a la cama mirándose fijamente una pierna. Había en su expresión cólera, alarma, desconcierto y cierta divertida curiosidad... pero lo que predominaba era el desconcierto, con un punto de consternación. Le pregunté si quería volver a acostarse, o si necesitaba ayuda, pero estas sugerencias parecieron alterarle y me hizo un gesto negativo. Me puse en cuclillas a su lado y fui sacándole la historia allí, echado en el suelo. Había ingresado aquella mañana para unas pruebas, me dijo. No tenía ningún problema, pero los neurólogos, al comprobar que tenía la pierna izquierda "holgazana" (ésa había sido la palabra exacta que habían utilizado) creyeron oportuno ingresarlo. Se había sentido perfectamente todo el día y al atardecer se había quedado adormilado. Cuando despertó se sentía bien también, hasta que se movió en la cama. Entonces descubrió, según sus propias palabras, "una pierna de alguien" en la cama... ¡una pierna humana cortada, era horrible!

Al principio se quedó estupefacto, asombrado, acongojado... jamás en su vida había experimentado, ni imaginado siquiera, algo tan increíble. Tanteó la pierna con cierta cautela. Parecía perfectamente formada, pero era "extraña" y estaba fría. De pronto tuvo una inspiración. Ya sabía lo que había pasado: ¡Era todo una broma! ¡Una broma absolutamente monstruosa y disparatada pero bastante original! Era el día de Año Viejo y todo el mundo estaba celebrándolo. La mitad del personal andaba achispado; todos gastaban bromas, tiraban petardos; una escena de carnaval. Evidentemente una de las enfermeras que debía de tener un sentido del humor un tanto macabro se había introducido subrepticiamente en la Sala de Disección, había sacado de allí una pierna y luego se la había metido a él en la cama para gastarle una broma cuando estaba aún completamente dormido. Esta explicación le tranquilizó mucho; pero considerando que una broma es una broma y que aquélla se pasaba ya un poco de la raya, lanzó fuera de la cama aquella pierna condenada. Pero, y en este punto perdió ya el tono coloquial y se puso de pronto a temblar, se puso pálido, cuando la tiró de la cama, sin explicarse cómo, cayó él también detrás de ella... y ahora la tenía unida al cuerpo.

-¡Mírela! -chilló, con una expresión de repugnancia-. ¿Ha visto usted alguna vez algo tan horrible, tan espantoso? Yo creí que un cadáver estaba muerto y se acabó. ¡Pero esto es misterioso! Y no sé... es espeluznante... ¡Parece como si la tuviera pegada!

La asió con las dos manos, con una violencia extraordinaria e intentó arrancársela del cuerpo y al no poder, se puso a aporrearla en un arrebato de cólera.

-¡Calma! -dije-. ¡Tranquilícese! ¡No se ponga así! No debe aporrear esa pierna de ese modo.

-¿Y por qué no? -preguntó irritado, agresivo.

-Porque esa pierna es suya -contesté-. ¿Es que no reconoce usted su propia pierna?

Me miró con una expresión en la que había estupefacción, incredulidad, terror y curiosidad a la vez, todo ello mezclado con una especie de recelo jocoso.

-¡Vamos, doctor! -dijo-. ¡Está usted tomándome el pelo! Está usted de acuerdo con esa enfermera... ¡no deberían burlarse así de los pacientes!

-No estoy bromeando -le dije yo-. Esa pierna es suya.

Vio por mi expresión que hablaba completamente en serio... y se pintó en su rostro una expresión de absoluto terror.

-¿Dice usted que es mi pierna, doctor? ¿No decía usted que ha de saber uno si una pierna es suya o no lo es?

-Desde luego que sí -contesté-. Uno debe saber si una pierna es suya o no. Me parece increíble que uno no sepa eso. ¿No será usted el que está de broma todo el rato?

-Le juro por Dios que no... uno ha de reconocer su cuerpo, lo que es suyo y lo que no lo es... pero esta pierna, esta cosa -otro estremecimiento de repulsión- no parece una cosa buena, no parece real... y no parece parte de mí.

-¿Qué es lo que parece? -le pregunté lleno de desconcierto, porque por entonces yo estaba ya tan desconcertado como él.

-¿Qué es lo que parece? -repitió lentamente mi pregunta-. Yo le diré lo que parece. No se parece a nada de este mundo. ¿Cómo puede ser mía una cosa así? No sé de dónde puede venir esto...

Su voz se apagó. Parecía aterrado, lleno de estupor.

-Escuche -le dije-. Me parece que usted no se encuentra bien. Déjenos que volvamos a echarle en la cama, por favor. Pero quiero hacerle una última pregunta. Si esto, esta cosa, no es su pierna izquierda -él había dicho que era una "falsificación" en determinado momento de nuestra charla, y había expresado su asombro por el hecho de que alguien se hubiera molestado en "fabricar" un "facsímil"- entonces ¿dónde está su pierna izquierda?

Volvió a ponerse pálido, tan pálido que creí que iba a desmayarse.

-No sé -dijo-. No tengo ni idea, ha desaparecido. No está. No la encuentro por ninguna parte...
***

Postdata
Después de publicarse esta historia (en A Leg to Stand On, 1984) recibí una carta de un eminente neurólogo, el doctor Michael Kremer, en la que me decía:

Me pidieron que viese a un paciente muy extraño en el pabellón de cardiología. Tenía fibrilación atrial y había disuelto un gran émbolo que le producía una hemiplejia izquierda, y me pidieron que le viese, porque se caía continuamente de la cama de noche y los cardiólogos no podían descubrir el motivo.

Cuando le pregunté lo que pasaba de noche me dijo con toda claridad que cuando despertaba en plena noche se encontraba siempre con que había en la cama con él una pierna peluda, fría, muerta, y que eso era algo que no podía entender pero que no podía soportar y, en consecuencia, con el brazo y la pierna sanos la tiraba fuera de la cama y, naturalmente, el resto del cuerpo la seguía.

Era un ejemplo tan excelente de pérdida completa de conciencia de una extremidad hemipléjica que no pude lograr que me explicara, es curioso, si su pierna de aquel lado estaba en la cama con él, a causa de lo obsesionado que estaba con aquella pierna ajena tan desagradable que había allí
.
***

Extraído de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, escrito por Oliver Sacks, traducido por José Manuel Álvarez Flórez y editado por Anagrama en la Colección Argumentos. Les paso los datos básicos y desaparezco.


Título de la edición original:
The Man Who Mistook His Wife for a Hat
©Gerald Duckworth & Co
Londres, 1985

Revisión técnica del doctor F. Sabanés Magriñá, especialista en psiquiatría y representante de la Sociedad Catalana de Psiquiatría.

Diseño de la colección:
Julio Vivas
Ilustración de Paul Slater a partir de "La traición de las imágenes" de Magritte.

©Oliver Sacks, 1985
©EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 2002

ISBN: 84-339-6171-3


Y con esto les dejo, hasta que haya conjurado a las aguas para que se levanten a mi paso y, ya que están, vayan a meterse ellas solitas en el cubo de la fregona. Ntchs.

Tengan cuidado ahí fuera, donde la Esfinge tendrá que buscar otro acertijo.
Constant Reader.

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Date:2006-06-07 14:28
Subject:Nada es trivial
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Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Rectificar es de rectificadores. En la última entrada, que pueden leer debajo de ésta, faltaban algunos datos importantes. Me lo han hecho notar amablemente, así que procedo a añadirlos, y alego en mi descargo que escribí esa entrada a las cuatro de la madrugada, hora en la cual los Lectores Constantes ya están abrazados al osito de peluche y durmiendo el sueño de los inocentes.

Vergüenza debería darme, Amigos Lectores. He aprendido a elaborar fichas de biblioteca, y ese conocimiento hiberna ahí, en la parte de mi cerebro que alberga la memoria Trivial Pursuit, es decir, información completamente inútil para la vida cotidiana, pero que te permite ganar quesitos de colores y hasta concursos de televisión. Datos como el color del sudor del hipopótamo (rojo) o el de la leche de yak (rosa). Y como ustedes son público complaciente y no se quejan, pues así se escribe la Historia, que diría mi madre.

En fin. Intentaré enmendarme, ya que he escapado al veneno de la serpiente, y todos seremos amigos. En las entradas por venir, salvo causas de fuerza mayor, procuraré incluir todos los datos y los créditos. Lo que me recuerda que tampoco me he molestado nunca en buscar y acreditar a los autores de las fotografías que empleo, ingrato proceder que ya me ha sido afeado por algún Amigo Lector. Inclino humildemente la cabeza y pido perdón por tanta desidia.

Vamos, pues, con el libro de ayer. Copio tal cual la última página, que es donde El Círculo de Lectores suele incluir los datos relevantes.

***
CAMELOT. EL LIBRO DE MERLÍN

Títulos de las ediciones originales:
The Once and Future King/The Book of Merlyn

Traducciones del inglés:
Fernando Corripio (Camelot) y
Enrique Hegenwicz (El libro de Merlín),
cedidas por Ediciones B, S.A.

Diseño: Winfried Bährle

Ilustración: Carlos Castellví

Camelot
© The State of T.H. White, 1939, 1940, 1950
© Editorial Debate, S.A.

El libro de Merlín
© Shaftesbury Publishing Company, 1977
© de la traducción: Editorial Bruguera, S.A.
© Para la edición en castellano: Editorial Debate S.A.

ISBN: 84-226-4524-6


La edición que yo leí era en varios tomos de color rosa. Si alguien está interesado en conseguirla (lo que recomiendo, porque era una buena edición), no tiene más que decirlo. Esta tarde iré a la biblioteca y le echaré un vistazo.

Con esto les dejo, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes. Gracias a Carmen Aguado y a Ramón Buenaventura por hacerme notar la pifia. Que Yaveh Elohim les envíe una plaga de langostas y otra de patatas bravas.

Ustedes, ya saben, tengan cuidado ahí fuera, donde por perderse un clavo se perdió un reino.
Constant Reader.

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Date:2006-06-06 03:34
Subject:Timor mortis exultat me
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Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

El caballero Terence H. White escribió Camelot, libro que ya he mencionado en una entrada anterior. Ustedes deberían haberlo leído en la infancia, pero algunos no han tenido esa fortuna. Léanlo ahora, no esperen a que sea demasiado tarde.

Tenía pensado argumentar un poco la recomendación, pero no vale la pena. Les hago extracto de uno de mis capítulos favoritos, y ustedes (los que se animen a calzarse este tocho sin respirar) juzgarán si es exagerado considerarlo un libro básico para cualquier Lector Constante que se vista la armadura por los pies. Ahí tienen.


[Explicación previa: el joven Arturo, al que todos llaman Verruga (del inglés wart, que rima con Art) está aburrido y anda ocioso por el castillo. Llueve, y nadie le hace maldito el caso. Así que va a tocarle las narices a su preceptor, el mago Merlín, y le pide que lo transforme en algún animal. Porque Merlín sigue un curioso sistema educativo, que consiste en transformar al chiquillo en diferentes animales, y soltarlo en el lugar donde viven los auténticos, para que aprenda lo que pueda. Esta tarde, Verruga pide ser transformado en azor. Merlín lo transforma y lo lleva al pabellón de cetrería.]


***

-Perfecto -dijo el mago-. Y ahora, súbete a mi mano. Eh, cuidado, no me arañes. Escucha lo que voy a decirte. Te llevaré al pabellón de cetrería, que Hob ha cerrado por esta noche, y allí te dejaré suelto y sin caperuza, al lado de Balin y Balan. Presta atención. No te acerques a ninguno sin hablarles primero. Debes recordar que la mayor parte de los halcones tienen puesta la caperuza y pueden asustarse y obrar precipitadamente. Puedes confiar en Balin y Balan, así como en el cernícalo. No te aproximes al gavilán a menos que te lo indique. Y en ningún caso debes arrimarte a la jaula de Cully, porque está sin caperuza y se echaría contra ti a la menor ocasión que tuviera. No está muy bien de la sesera, el pobre, y si te coge no te soltará vivo. Recuerda que estás visitando una especie de pabellón militar de espartanos. Esos tipos son soldados profesionales, y como oficial subalterno te corresponde mantener la boca cerrada, sin interrumpir, y hablando sólo cuando te pregunten.

-Apostaría a que soy algo más que un subalterno, si realmente soy un azor.

-Pues sí, lo eres. Advertirás que tanto el cernícalo como el gavilán son corteses contigo, pero no te atrevas a interrumpir a los azores más veteranos, ni al gran halcón peregrino. Él es el coronel honorario de este regimiento y un noble caballero. En cuanto a Cully, bueno, también es coronel, aunque sólo sea de infantería, de modo que mucho ojo con lo que le dices.

-Tendré cuidado -repuso Verruga, que comenzaba a sentirse un tanto atemorizado.

-Está bien. Vendré a buscarte por la mañana, antes de que Hob se levante.

Todas las aves se callaron mientras Merlín introducía al nuevo compañero, y el silencio duró un buen rato después que el mago se hubo marchado en la oscuridad. La lluvia había dejado paso a una brillante luna llena de agosto. Era tan fuerte la claridad que podía verse perfectamente a unas quince yardas más allá de la puerta a una oruga trepando por un tronco. Verruga tardó algunos minutos en acostumbrarse a la penumbra que reinaba en el pabellón. La oscuridad se atenuaba donde daban los plateados rayos, y al fin Verruga pudo apreciar el sobrenatural aspecto del interior del pabellón de cetrería. Cada uno de los halcones parecía un ave de plata, de pie en una pata y con la otra recogida bajo el cuerpo. Todos parecían estatuas de caballeros en sus armaduras. Permanecían gravemente inmóviles, con sus emplumados cascos. La lona de las pantallas que protegían sus perchas oscilaba lentamente a impulsos del viento, como las banderas en un templo. En aquellos días solían colocar caperuzas a todas las aves rapaces, incluso a los azores, a los que según las modernas prácticas ya no se les coloca capacete.

Verruga retuvo el aliento al observar aquellas imponentes figuras, tan quietas que podrían haberse tomado por estatuas de piedra. Se sentía abrumado por su magnificencia, y no tuvo necesidad alguna de obligarse a ser humilde y silencioso, como le había aconsejado Merlín, pues ello le salía espontáneamente.

De pronto oyóse un suave toque de campanilla, y el gran halcón peregrino se desperezó un poco y dijo con fuerte voz nasal, que procedía de su aristocrática nariz:

-Caballeros, podéis seguir hablando.

Pero continuó el silencio absoluto.

Sólo en una esquina del pabellón -que había sido alambrada para Cully-, suelto, sin caperuza y en plena época del cambio de plumas, podía oírse murmurar al irritable coronel:

-Condenado gobierno, condenados políticos, condenados bolcheviques. Maldito lugar. Cully, si sólo te quedara una hora de vida, y te condenases eternamente...

-Por favor, coronel -interrumpió fríamente el halcón peregrino-, no habléis así delante de los oficiales jóvenes.

-Ah, os pido disculpas, señoría -dijo el coronel, en seguida-. Es que tengo algo en la cabeza, ¿sabéis? Algo que me trae a mal traer.

Siguió otro silencio terrible y abrumador.

-¿Quién es el nuevo oficial? -inquirió la primera voz, hermosa y fiera.

Nadie respondió.

-Hablad de una vez, señor -ordenó el peregrino, mirando hacia adelante, como si viese algo realmente.

Pero no podían ver porque tenían puestas las caperuzas.

-Perdón -comenzó diciendo Verruga-. Soy un azor...

Y se detuvo, asustado del denso silencio.

Balan, que era uno de los azores verdaderos que se hallaban a su lado, se inclinó hacia él y le murmuró afablemente al oído:

-No temas, llámale señoría.

-Soy un azor, señoría.

-Un azor, eso está bien. ¿Y puede saberse a qué rama de los Azores pertenecéis?

Verruga no tenía la menor idea de lo que debía responder, pero no quiso dejar de hacer una tentativa.

-Señoría -repuso-, pertenezco a los Azores del Bosque Salvaje.

De nuevo se hizo el silencio que Verruga había comenzado a temer.

-Están los Azores de Yorkshire -manifestó el coronel honorario, lentamente-, los Azores de Gales y los MacAzores de Escocia. También conozco a los de Salisbury, los de Exmoor y los de Connaught. Pero no creo haber oído hablar jamás de los Azores del Bosque Salvaje.

-Puede ser una rama nueva de la familia, me atrevería a decir -declaró Balan.

"Dios le bendiga -pensó Verruga-. Mañana cazaré un gorrión bien gordo y se lo daré a espaldas de Hob.

-Sí, eso podría ser, capitán Balan. Eso podría ser.

De nuevo se hizo el silencio. Al cabo de un rato el halcón peregrino hizo sonar su campanilla y dijo:

-Comenzaremos con los reglamentos, antes de tomarle juramento.

Verruga oyó que el gavilán de la izquierda comenzaba a toser nerviosamente al oír esto, pero el halcón peregrino no prestó atención.

-Azor del Bosque Salvaje -dijo el halcón peregrino-, ¿qué es una Bestia de Pata?

-Una Bestia de Pata -repuso Verruga, bendiciendo su suerte, por haber querido sir Héctor que le dieran una educación de primera clase- es un caballo, un sabueso, o un halcón.

-¿Por qué se les llama así?

-Porque estos animales dependen del poder de sus patas, de modo que por ley, todo daño que se infiera a la pata de un halcón, sabueso o caballo se considera como un atentado contra su propia vida. Un caballo cojo es un caballo muerto.

-Está bien -declaró el halcón peregrino-. ¿Cuáles son tus miembros más importantes?

-Las alas -afirmó Verruga, después de un momento, aventurando una opinión, pues no lo sabía realmente.

A esto siguió un tintineo general de las campanillas de las aves, cuando cada una de las graves figuras bajó la pata alzada, en señal de disgusto. Ahora se hallaban de pie sobre las dos patas con aire afligido.

-¿Las qué? -preguntó el halcón peregrino, ásperamente.

-Ha dicho sus condenadas alas -manifestó el coronel Cully, desde su encierro.

-Si hasta los tordos tienen alas -dijo el cernícalo, despectivamente, hablando por vez primera con su aguda voz.

-Vamos, piensa -susurró Balan, en voz baja.

Verruga meditó desesperadamente.

El tordo tenía alas, cola, ojos, patas... Aparentemente, lo mismo que las demás aves.

-¡Las garras! -dijo de pronto Verruga.

-Bien, puede pasar -contestó el peregrino, afablemente, después de una de sus temibles pausas-. La respuesta debió de ser "las patas", como en las otras preguntas, pero "garras" también puede valer.

Todos los halcones -y empleamos el término con amplitud, ya que algunos no lo eran-, alzaron la pata en que tenían la campanilla y volvieron a ponerse cómodos.

-¿Cuál es la primera ley de la pata?

("Piensa", le había dicho amistosamente el pequeño Balan, detrás de sus falsas plumas primarias.)

Verruga meditó, y lo hizo con acierto.

-No soltar nunca la presa -repuso.

-La última pregunta -dijo el peregrino-. ¿Cómo harías, para matar a una paloma, si es de mayor tamaño que el tuyo propio?

Verruga tuvo suerte, pues había oído a Hob contar cómo había hecho eso Balan, una tarde. Por ello repuso:

-La estrangularía con mi pata.

-¡Muy bien! -contestó el halcón peregrino.

-¡Bravo! -exclamaron los demás, irguiendo las plumas.

-Noventa por ciento -dijo el gavilán, después de una rápida suma-. Descontando lo de las alas.

-¡El demonio me confunda!

-¡Coronel, por favor!

-El coronel Cully -susurró Balan a Verruga- no está en sus cabales. Creemos que se trata de algo de su hígado, pero el cernícalo asegura que eso le ocurre por tratar de mantenerse al mismo nivel que su señoría, lo que le origina una gran tensión nerviosa. Desde hace un tiempo no es el mismo de antes.

-Capitán Balan -dijo el halcón peregrino-. Murmurar es una grosería. Ahora procederemos a tomar el juramento al nuevo oficial. Páter, cuando guste.

El pobre gavilán, que se estaba poniendo cada vez más nervioso, sonrojóse profundamente y comenzó a tartamudera un complicado juramento acerca de cascabeles, correas y caperuzas.

-Con este cascabel -oyó Verruga que le decía- te obligo a dispensar... amor, honor y obediencia, en lo sucesivo.

Pero antes de que el capellán hubiese terminado de pronunciar el juramento, se detuvo y musitó sollozando:

-Oh, señoría, os pido perdón, pero he olvidado mis adminículos.

-Esos objetos de que habla son unos huesos -explicó en voz baja Balan-. Como es natural, tienes que jurar sobre unos huesos.

-¿Que habéis olvidado vuestros adminículos? Sabéis que es vuestro deber tenerlos a mano.

-Lo... lo sé.

-¿Qué habéis hecho con ellos?

La voz de gavilán pareció quebrantarse ante la enormidad de su confesión.

-Me... me los comí -manifestó el infortunado capellán.

Nadie dijo una palabra. El momento era demasiado terrible para hablar. Todos se pusieron en dos patas y volvieron la ciega cabeza hacia el culpable. Ni un solo reproche se dejó oír. Durante aquel silencio de cinco minutos, sólo se escucharon los sollozos y suspiros del indigno sacerdote.

-Bien -dijo el halcón peregrino, al fin-, la ceremonia de la iniciación deberá ser postergada hasta mañana.

-Si me disculpáis, señoría -dijo Balin-, tal vez podamos llevar a cabo la ordalía esta noche, ¿os parece bien? Creo que el candidato está suelto, pues no he creído escuchar que le estuviesen atando.

Al oír hablar de una ordalía, Verruga tembló interiormente, y decidió que Balin no vería una sola pluma del gorrión que llevaría a Balan al día siguiente.

-Gracias, capitán Balin. Precisamente pensaba en eso.

Balin no respondió.

-¿Estáis suelto, novicio?

-Sí, señoría; pero, por favor, creo que no estoy preparado para una prueba.

-La ordalía es lo acostumbrado. Veamos -dijo el coronel honorario, reflexionando-. ¿Cuál fue la última prueba que tuvimos? ¿Lo recordáis, capitán Balan?

-Mi propia ordalía, señoría -dijo el amistoso azor-, y consistió en colgar por los pies, de mi correa, durante la tercera guardia.

-Si está suelto, no podrá hacer eso.

-Se le pueden dar unos golpes, señoría -dijo el cernícalo-. Con los debidos cuidados, desde luego.

-Enviadle junto al coronel Cully, mientras tocamos tres veces las campanillas.

-¡No, no! -exclamó el perturbado coronel, con voz agónica, desde su oscuro escondite-. No, señoría. Os ruego que no hagáis eso. Soy un villano tan grande que no respondo de las consecuencias. Perdonad al pobre muchacho, y no nos dejéis caer en la tentación.

-Coronel, procurad dominaros. Esa prueba me parece muy adecuada.

-Oh, señoría, me previnieron que no me acercase al coronel Cully -dijo Verruga.

-¿Os lo advirtieron? ¿Quién lo hizo?

El pobre Verruga comprendió que debía elegir entre confesar que era un ser humano, y dejar de aprender tantos secretos interesantes, o cumplir con la ordalía. Y Verruga no deseaba que le considerasen un cobarde.

-Me colocaré junto al coronel, señoría -manifestó y se dio cuenta de que su voz tenía un aire casi insultante.

El halcón peregrino no prestó atención al tono de voz de Verruga.

-Está bien -repuso el halcón peregrino-, pero antes debemos entonar un himno. Y ahora, páter, si es que no os habéis tragado vuestros himnos, como hicisteis con vuestros adminículos, tened la amabilidad de dirigir el Himno de la Ordalía.

"Y vos, señor Kee -agregó dirigiéndose al cernícalo-, cantad bajo, porque desentonáis bastante.

Los halcones quedáronse quietos, mientras el gavilán contaba "Una, dos y tres". Entonces, todos aquellos curvados picos se abrieron debajo de las caperuzas, y al unísono cantaron así:


La vida es sangre, derramada y ofrecida.
El ojo del águila puede soportar ese horror.
Ante las aves de presa debéis decir:

Timor mortis conturbat me.

La bestia de patas canta en voz baja,
Pues la carne es mísera y el pie endeble.
Fuerza al fuerte, y al señor, y al solitario.

Timor mortis exultat me.

Vergüenza al perezoso, angustia al débil.
Muerte al que teme echar a volar.
Sangre desgarrando, con el pico, con la garra
.
Timor mortis, todo ello somos nosotros.


-Muy bonito -dijo el halcón peregrino-. Capitán Balan, creo que se excede usted un poco en el do de pecho. Y ahora, novicio, debéis aproximaros a la jaula del coronel Cully, y esperar a que toquemos las campanillas tres veces. Al tercer toque, podéis retiraros tan rápido como queráis.

-Está bien, señoría -dijo Verruga, y con gran intrepidez agitó las alas y se colocó en el extremo de una percha, al lado de la jaula de alambre de Cully.

Azor


-Muchacho, no te acerques más, no te aproximes a mí -dijo el coronel con voz profunda-. No tientes al demonio que todos llevamos dentro.

-No os temo, señor -repuso Verruga-. No os aflijáis, no sufriremos daño ninguno de los dos.

-¡Ninguno de los dos! Vamos, márchate antes de que sea demasiado tarde. Siento un impulso irresistible en mi interior.

-Tranquilidad, señor; sólo tienen que tocar tres veces -declaró Verruga.

Y en ese momento, los caballeros bajaron las patas que tenían bajo el cuerpo y dieron un toque solemne. El dulce tintineo llenó la habitación.

-¡Señoría, señoría! -gritó el torturado coronel Cully-. Tened piedad, por favor. Tocad de una vez. No creo que pueda resistir mucho más.

-Sed valiente, señor -musitó Verruga.

-Sed valiente, es muy fácil decirlo -repuso Cully.

Las campanillas tintinearon por segunda vez.

El corazón de Verruga latía apresuradamente, y ahora el coronel se le iba acercando de lado, por la percha. Sus garras arañaban la madera con un apretar convulsivo. Sus extraviados ojos relucían a la luz de la luna bajo un angustiado ceño. Pero no parecía haber nada cruel en su expresión; no trasuntaba innobles pasiones. Por el contrario, diríase que estaba aterrado ante Verruga y no triunfante.

-Si debe hacerse -susurró el coronel, hablando consigo mismo-, que sea rápido. ¿Piensas que el jovencito soltará mucha sangre?

-¡Coronel! -advirtió Verruga, pero permaneció donde estaba, sin moverse.

-¡Muchacho! -gritó Cully-. ¡Dime algo, deténme, por piedad!

-Hay un gato detrás vuestro -dijo Verruga, con toda calma-. O tal vez sea una marta. Mirad.

El coronel se volvió, rápido como la picadura de una avispa, y amenazó a la oscuridad. Pero no había nada. Volvió sus ojos fieros hacia Verruga de nuevo, barruntando el truco. Entonces con fría voz manifestó:

-La campana me invita. Tú no la oyes, azor, porque es el toque que te emplaza para los cielos o el infierno.

Los halcones, en efecto, estaban haciendo sonar sus campanillas, mientras el coronel Cully pronunciaba estas palabras, y ahora Verruga podía marcharse. La ordalía había terminado, y Verruga echó a volar. Pero mientras lo hacía, más rápidas que cualquier otro movimiento, las terribles garras del coronel Cully hendieron el aire.

Aferraron su presa, y lo hicieron irrevocablemente. Apretando, apretando, los enormes y tensos músculos del halcón se estremecieron en dos convulsiones. Pero un momento después Verruga se hallaba a un pie de distancia, y un puñado de plumas primarias aparecía en la garra del coronel Cully. Dos o tres plumas secundarias flotaban lentamente en un rayo de luna, cayendo hacia el suelo.

-¡Bien hecho! -exclamó Balan, entusiasmado.

-Una exhibición de gran destreza -declaró el halcón peregrino, sin importarle que el capitán Balan hubiera hablado antes que él.

-¡Amén! -dijo el capellán.

-¡Alma esforzada! -manifestó el cernícalo.

-¿No debiéramos honrarle con la Canción del Triunfo? -sugirió Balin.

-Ciertamente -repuso el halcón peregrino.

Y todos juntos se pusieron a cantar, dirigidos por el propio coronel Cully, a voz en cuello y haciendo resonar sus campanillas victoriosamente, bajo la impresionante luz de la luna.


Las aves de la montaña son más sabrosas
Aunque las del valle están más gordas,
Por eso nos parece conveniente
Prestar más atención a las segundas.
Hallamos un conejo semioculto,
Y atacamos sus órganos vitales.
El conejo nos supo a miel
Y compensó nuestros desvelos.
Algunos atacan a la alondra
Cuyas bandadas nublan el sol.
Otros van tras los nidos de perdiz,
Y otros más miran y miran, y no hacen nada.
Pero Verruga, el rey de los azores,
Llegó más lejos que todos nosotros.
Sus pájaros y animalillos
llenarán nuestros banquetes,
Y sus hazañas gloriosas cantaremos a coro.



-No lo olvidéis -exclamó el simpático Balan-. Podemos tener un rey de verdad en ese joven novicio. Cantémoslo de nuevo por última vez.


Pero Verruga, rey de los azores,
Llegó más lejos que todos nosotros.
Sus pájaros y animalillos
llenarán nuestros banquetes,
Y sus hazañas gloriosas cantaremos a coro.


***

Tengan cuidado ahí fuera, donde el toque de la campana nos emplaza.
Lector Constante.

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Date:2006-05-26 20:55
Subject:Varsovia en llamas
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Me voy a un concierto. Pero les dejo esta maravilla:

Dream


Y esta otra maravilla:

La princesa del guisante



E incluso esta otra:

Pyle


Y el próximo día hablaremos de ilustradores, claro que sí.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde la única solución es la venganza.

Constant Reader.

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Date:2006-05-12 18:16
Subject:El verano se acerca
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LA HABITACIÓN A OSCURAS

***

-Y su marido, Mrs. Lucca, ¿cuánto lleva sin trabajo?
-Dios sabe cuánto.
-Necesito una respuesta precisa, por favor.
-Debe de haber trabajado desde 1930. Puede que más. Mi marido dejó de trabajar porque no estaba bien de la cabeza. Ya no podía recordar las cosas.
-¿No ha trabajado desde entonces?
-No. Desde entonces ha estado enfermo. No está bien de la cabeza.
-¿Y sus hijos?
-¿Hijos? Frank y Tony se marcharon. Frank se fue a Chicago, creo. No lo sé. Tony nunca fue bueno. Los otros dos, Silva y Lucio, todavía van al colegio.
-¿Van al instituto?
-Todavía van al colegio?

La escoba de Mrs. Lucca rebuscó con repentino vigor debajo de la mesa de la cocina. Sacó una cuchara de plomo, unos recortes de papel y un trozo de bramante. Recogió la cuchara y la colocó encima de la mesa.
-Me hago cargo -dijo Miss Morgan-. Y tiene usted una hija, ¿no?
-Sí. Una chica.
-¿Trabaja en algo?
-No. No trabaja.
-Su nombre y edad, por favor.
-Se llama Tina. ¿Cuántos años tiene? Viene justo antes que Silva. Silva tiene quince.
-Lo que hace que tenga unos dieciséis años, supongo.
-Dieciséis.
-Ya veo. Me gustaría hablar con su hija, Mrs. Lucca.
-¿Hablar con ella?
-Sí. ¿Dónde está?
-Ahí dentro -dijo Mrs. Lucca, señalando una puerta cerrada.

La asistente social se levantó.

-¿Puedo verla?
-No, no se puede entrar ahí. A ella no le gusta.

Miss Morgan se puso tensa.
-¿No le gusta? ¿Por qué no? ¿Está enferma?
-No sé lo que le pasa -dijo Mrs. Lucca-. No quiere que entre nadie en su habitación y no quiere que se encienda la luz.

La escoba rebuscó debajo del fogón y sacó el asa de una taza rota. Mrs. Lucca gruñó cuando se agachó para recogerla. La tiró por la trampilla del carbón.

-¿Qué es lo que le pasa, Mrs. Lucca?
-¿A quién? ¿A Tina? No lo sé.
-¡De verdad! ¿Desde cuándo pasa eso?
-Desde sabe Dios cuánto.
-Por favor, Mrs. Lucca, trate de dar respuestas precisas a mis preguntas. Las evasivas no mejorarán nada las cosas.

Mrs. Lucca pareció un tanto desconcertada.

-¿Cuánto lleva en esa habitación? -repitió Miss Morgan.
-¿Cuánto? Puede que unos seis meses.
-¿Seis meses? ¿Está usted segura?
-Empezó a hacer cosas raras más o menos hacia Año Nuevo. Esa noche él no vino. Fue la primera noche que él no venía después de mucho tiempo, y era Año Nuevo. Le llamó a casa y su madre le dijo que él se había ido y que no llamara más. Dijo que se iba a casar con una chica judía.
-¿Él? ¿Quién es él?
-Un chico con el que salía regularmente desde hacía mucho tiempo. Un chico judío que se llama Sol.
-¿Fue eso lo que hizo que empezara a comportarse así?
-Puede que lo fuera. No lo sé. Tina colgó el auricular, se metió en la cocina y calentó agua. Dijo que tenía dolor de estómago.
-¿Lo tenía?
-No lo sé. A lo mejor sí. En cualquier caso se acostó y desde entonces no se ha levantado.

La escoba de Mrs. Lucca hizo tímidas incursiones en torno a la silla donde estaba sentada la asistente social. Miss Morgan recogió las piernas rápidamente con el gesto de fastidio de un gato que evita agua derramada. Las sucias pajas de la escoba se movieron sin propósito fijo hacia el otro extremo de la habitación.


La habitación a oscuras


-¿Quiere decir que lleva encerrada en su habitación desde entonces?
-Sí.
-¿Y desde cuándo lleva?
-Desde el último Año Nuevo.
-¿Seis meses?
-Sí.
-¿Nunca sale?
-Sale cuando tiene que ir al cuarto de baño. Sale entonces, pero son las únicas veces en que sale.
-¿Qué hace ahí dentro?
-No lo sé. Se limita a estar tumbada a oscuras y no quiere salir. A veces hace ruidos, llora y todo eso. Los de la familia del piso de arriba a veces se quejan. Pero por lo general no dice nada. Se limita a estar tumbada ahí, en la cama.
-¿Come?
-Sí, come. A veces.
-¿A veces? ¿Se refiere a que no hace unas comidas regulares?
-No, regulares no. Sólo lo que le trae él.
-¿Él? ¿A quién se refiere, Mrs. Lucca?
-A Sol.
-¿Sol?
-Sí, Sol, el chico con el que estuvo saliendo regularmente tanto tiempo.
-¿Se refiere a que él viene?
-Sí, a veces viene.
-Creí que había dicho que se casó con su chica judía.
-Se casó. Se casó con esa chica judía con la que su familia quería que se casase.
-¿Y todavía viene a ver a su hija?
-Sí, la viene a ver. Es al único que deja entrar en la habitación.
-¿Así que entra? ¿A la habitación? ¿Con la chica?
-Sí.
-¿Sabe ella que está casado con otra chica?
-No sé lo que sabe. No lo puedo decir. Ella nunca dice nada.
-Y sin embargo, ¿le deja entrar y hablar con ella?
-Le deja entrar, pero él nunca habla con ella.
-¿No habla con ella? ¿Qué es lo que hace, Mrs. Lucca?
-No lo sé. Ahí dentro está a oscuras. No lo puedo decir. Nadie dice nada. Él sólo entra, se queda un rato y sale.
-¿Se refiere, Mrs. Lucca, a que deja usted que un hombre entre en la habitación con ella, su hija, encontrándose ésta como se encuentra?
-Sí. Le gusta que entre ahí con ella. La tranquiliza durante un tiempo. Cuando no viene, ella se lo toma muy a mal. Los de la familia del piso de arriba a veces se quejan por eso. Pero cuando viene, ella mejora. Deja de hacer ruidos. Y él todas las veces le trae algo de comer y ella come lo que le trae.

La escoba hizo un amplio círculo, amontonando la basura en un rincón.

-Nos viene bien -continuó Mrs. Lucca-. Pasamos dificultades. Sólo contamos con lo de la beneficencia y eso no es tanto. A veces ni siquiera tenemos...
-Mamá, ¿puedes darme quince centavos?

Era uno de los chicos, Silva o Lucio, que asomaba la cabeza por la ventana abierta que daba a la escalera de incendios. Tenía sangre en la nariz.


-Dame quince centavos, mamá. Aposté con Jeep a que no me podía, pero me pudo y dice que me pegará más todavía si no aparezco con la pasta.
-Calla la boca -dijo Mrs. Lucca.

El chico miró sorprendido a Miss Morgan y bajó estrepitosamente por la escalera de incendios. En el callejón se oyeron gritos agudos y sonido de pasos que corrían.
La mirada de Miss Morgan continuaba fija. No era consciente de la interrupción.

-Supongo que sabe, Mrs. Lucca, ¡que pueden considerarla a usted responsable!
-¿De qué?

Hubo un momento tenso y perplejo entre ellas.

-No importa. ¿Cuánto lleva eso?
-¿El qué?
-Lo de ese hombre y su hija.
-¿Tina? ¿Sol? ¡No lo sé! ¡Dios sabe cuánto!
-Eso no es una respuesta, Mrs. Lucca.
-¿Quiere saber cuánto lleva teniendo relaciones con Sol? Casi desde que Tina empezó a ir al colegio cuando tenía once años.
-Me refiero a cuánto lleva ese hombre entrando en la habitación de ella.

La escoba se sacudió con petulancia y luego continuó sus movimientos errantes por el suelo de la cocina.

-Puede que unos cinco o seis meses. No lo sé.
-Y usted y su marido, Mrs. Lucca, ¿nunca hicieron ningún esfuerzo por mantenerla alejada de él?

Mrs. Lucca bajó la vista con muda concentración hacia las pajas que se arrastraban.

-Su marido, Mrs. Lucca, ¿no hizo nada para evitar que ese hombre viniera aquí?
-Mi marido lleva enfermo mucho tiempo.

Mrs. Lucca se llevó un cansado dedo índice a la frente.

-Él no está bien de la cabeza. Y yo, yo no puedo hacer nada. Todo el tiempo tengo cosas que hacer. Vamos tirando lo mejor que podemos. Lo que pasa no es culpa nuestra. Es la voluntad de Dios. Es todo lo que puedo decir, Miss Morgan.
-Ya veo, Mrs. Lucca.

La voz pareció trazar una raya blanca de tiza en el aire. Mrs. Lucca dejó de barrer y esperó. Sabía que estaba a punto de pronunciarse sentencia. Se preparó para escuchar las palabras sin una tensión apreciable.

-Mrs. Lucca, habrá que llevarse a la chica.
-¿A Tina? No le gustará eso.
-Me temo que no podremos consultarle lo que opina al respecto. Ni a usted, Mrs. Lucca.
-No creo que ella quiera irse a otro sitio. Usted no conoce a Tina. Es testaruda. Suelta cosas espantosas cada vez que un trata de que haga algo que no quiere. Grita, da patadas y muerde, con que no hay modo de acercarse a ella.
-Se tendrá que ir.
-Espero que quiera. Claro que espero que quiera. No es decente que esté ahí tumbada a oscuras todo el tiempo. Es malo para los chicos.
-¿Los chicos?
-Sí, Silva y Lucio. No es decente que ella esté ahí tumbada desnuda en ese plan.
-¡Desnuda!
-Sí. No quiere estar tapada con nada.

El cuaderno de notas se cerró con un sonido de asombro. Miss Morgan apretó la caperuza de su pluma estilográfica.

-Tendrán que llevársela por la mañana y tenerla bastante tiempo en observación.
-Espero que vaya, pero no creo que quiera a no ser que la lleve él.
-¿Él? ¿Se refiere usted a...?
-A Sol.
-¡Sol!
-Sí, el chico con el que salió regularmente durante tanto tiempo.
-¡Ya veo! ¡Ya veo!

La escoba de Mrs. Lucca reanudó su lento movimiento, hacia adelante y atrás, sin un objetivo evidente. Una piel seca de cebolla sonó bajo las sucias pajas. Hacia adelante y atrás. Las tablas mojadas crujieron.

***

Esto es un extracto de La noche de la iguana y otros relatos. No les anoto puntualmente la edición, porque la que tengo entre manos no me gusta demasiado, y no recuerdo cuál era la que leí hace ya tiempo. Si el amigo F.nm anda por ahí, sería bueno que se manifestara al respecto, porque el libro era suyo.

En fin. No es el único motivo para leer al caballero Tennessee Williams, y sin duda los hay mejores en la sección de teatro de la biblioteca. Pero el Lector Constante que quiera sentir una asfixiante bocanada de calor sureño en sus noches ociosas, hará bien en leerlo. Y, si pueden, intenten conseguir una versión original, no una traducción. El gremio traductor hace ímprobos esfuerzos, pero hay cosas que es mejor comerlas crudas.

Les dejo, la biblioteca me espera. Tengo más maravillas que mostrarles, pero hoy ya no podrá ser. Vayan a la biblioteca y tómense su tiempo. Merece la pena.

Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera, lejos de la habitación a oscuras.
Constant Reader.

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Date:2006-05-10 14:25
Subject:Eres piel y huesos
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Qué día tan hermoso, cuánto sol, qué primavera. ¿No apetece salir a respirar aire fresco, a ver las flores, a oír el trino de los pájaros? No, ¿verdad? Hagan algo mejor, quédense en casa y mírense el ombligo. O, mejor dicho, mírense la piel y piensen en lo que esconde, en la carne que vive y respira, en los hermosos huesos.

Y, ya de paso, échenle un vistazo a esto:


Portada en piel e interior

Este hermoso ejemplar, Amigos Lectores, tiene más de trescientos años y es una muestra de lo que los angloparlantes llaman anthropodermic bibliopegy y nosotros podemos llamar encuadernación antropodérmica. Usted, el del fondo, ¿qué queremos decir con eso? Bravo. Diez puntos para Hufflepuff. Efectivamente, este libro tan bello fue encuadernado en piel humana.

La policía británica lo encontró el 10 de abril de este mismo año, tirado en una calle de Leeds, Inglaterra, seguramente abandonado por un ladrón después de un robo. Según sus informes, es un tratado en francés (sobre qué, no lo especifican), que data de alrededor de 1.700 y que está en bastante buen estado. Ahora están buscando no sólo al ladrón sino también al propietario, hasta la fecha sin demasiado éxito.

Mientras ellos toman su té y hacen sus pesquisas, nosotros vamos a darnos una vuelta por la historia de la encuadernación antropodérmica. Acompáñenme al depósito, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes, silbando como al descuido el Me voy a hacer un rosario con tus dientes de marfil, para dar ambientillo.

I'VE GOT YOU UNDER MY SKIN
y otras variedades de artesanía del cuerpo humano
.


Los Amigos Lectores con cierto gusto por lo macabro y lo bizarro, que son bastantes, habrán oído hablar ya de las míticas y coquetas pantallas de lámpara que se curraban los nazis con la piel de los prisioneros, imagino. Muchos de ustedes, degustadores crónicos de carne y de sangre, también saben quién fue Ed Gein y qué curioso concepto tenía del interiorismo. Los que viven en un limbo de inocencia mediática, no tienen más que darse un paseo por la red y buscar referencias. El resto, dejen de rascarse y presten atención:


DE HUMANIS CORPORIS FABRICA

De Humanis Corporis Fabrica. Basel 1543. Andreas Vesalius

En 1543, el cirujano belga Andreas Vesalius (nombre latinizado de Andries van Wesel) escribió el primer atlas completo de anatomía humana que conoce la historia: De humanis corporis fabrica, es decir, Sobre la estructura del cuerpo humano. Siete volúmenes, unas seiscientas páginas con más de trescientas ilustraciones (realizadas por su amigo Jan Stephen van Calcar, compatriota suyo y pintor, discípulo de Tiziano), que publicó a los 27 años y dedicó a Carlos V.

Los Lectores Constantes interesados en echarle un vistazo pueden hacerlo en

http://vesalius.northwestern.edu/index.html

con toda la calma del mundo, porque vale la pena. Tiene imágenes tan bellas como ésta.

Vesalius_Pg_165

O como ésta.

Vesalius_Pg_181


No me negarán, Amigos Lectores, que el libro merece ser encuadernado en la más fina de las pieles. Algo así debió de pensar Vesalio, que consideraba que el único método válido de estudio era la observación directa y que tuvo ocasión de diseccionar muchísimos cadáveres a lo largo de su vida. Lo más seguro es que la piel de alguno de esos cuerpos sirviese para encuadernar la edición de 1568 que se encuentra en la Brown's John Hay Library. Si no me creen, pulsen aquí:

http://library.brown.edu/search

Pongan en la búsqueda de autor Andreas Vesalius y encontrarán, en la ficha del catálogo, esto mismo:

Author Vesalius, Andreas, 1514-1564
Title Andreae Vesalii Brvxellensis ... De hvmani corporis fabrica libri septem. Cum indice rerum & uerborum memorabilium locupletissimo Published Venetiis, Apud F. Franciscium Senensem, & I. Criegher Germanum, 1568
Descript'n 6 p. L., 510, [45] p. illus. (incl. diagrs.) 33 cm
Note Fourth edition; cf. Cushing. Bio-bibliography of Andreas Vesalius. 2d ed., no. VI. A.-4
Wood-engravings by Johannes Criegher
Hay Hist. Sci. copy: Bound in human skin on boards, gold-tooled, with raised bands.


Esta misma biblioteca posee además dos ediciones del siglo XIX de La Danza de la Muerte, de Hans Holbein, encuadernadas también con piel humana.

The Rich Man and The Queen from The Dance of Death

Title The dance of death; : from the original designs of Hans Holbein. : Illustrated with thirty-three plates, / engraved by W. Hollar. With descriptions in English and French..
Published London: : Printed for J. Coxhead, Holywell-Street, Strand., 1816..
Descript'n [2], 70 p., [33] leaves of plates : ill., (engravings), ports. ; 23 cm.
Note Hay Star copy: Lacks leaf F1 (p. [65]-[66]). Bound in human skin by Zaehnsdorf; spine lettered up "Holbein's Dance of Death", at foot "1816".

Esta última nota, que he resumido para no aburrirles demasiado, incluye también un breve pero detallado informe de Zaehnsdorf, librero y encuadernador de fama, acerca del libro y su textura. Los Lectores interesados en el asunto no tienen más que usar el buscador del catálogo de la biblioteca para encontrarla:

http://library.brown.edu/search

De la Danza de la Muerte, de su origen, práctica y representación artística quiero hablarles con más tiempo en otra ocasión. Que alguien me lo recuerde, por favor.


Mientras tanto, continuamos con


THE HIGHWAYMAN: NARRATIVE OF THE LIFE OF JAMES ALLEN, ALIAS GEORGE WALTON

James Allan aka George Walton aka Burley Grove cover book

Su título completo es, en realidad, Narrative of the life of James Allen, alias George Walton, alias Jonas Pierce, alias James H. York, alias Burley Grove, the highwayman. Being his death-bed confession, to the warden of the Massachusetts state prison, y se encuentra actualmente en el Ateneo de Boston, cuya página web animo a visitar a los más ociosos de entre ustedes, en el siguiente enlace:

http://www.bostonathenaeum.org/highwayman.html

Allí podrán leer la insólita historia de este libro, parte de la cual traduzco ahora (como buenamente puedo, que mi inglés es de andar por casa), para regocijo de los Lectores Constantes.


***

La inscripción en latín de la cubierta, Hic Liber Waltonis Cute Compactus Est, permite dos traducciones: ¿significa sencillamente que el libro de Walton fue encuadernado en piel, o en la piel de Walton? El mismo nombre de George Walton era un alias de James Allen. También lo eran los nombres de Jonas Pierce, James H. York y Burley Grove. Afortunadamente, sólo uno de ellos fue latinizado para la etiqueta.

La interpretación generalmente aceptada ha sido que se empleó la propia piel del bandolero. Esta creencia ha sido recientemente confirmada de una curiosa manera. Un visitante del Ateneo, meses atrás, se presentó como el hijo y tocayo de un tal George Arnold, que realizó trabajos de catalogación en esta Biblioteca hace noventa años. El abuelo del visitante, Peter Low, había llegado a Boston desde Londres, donde su padre y abuelo se dedicaban al negocio de los libros. Él se dedicaba a la encuadernación, para Old Corner Book Store y otros clientes.

Este nieto afirmó que la piel usada para encuadernar el libro de Walton llegó el mismo dia de su muerte del Hospital General de Massachusetts. Walton era un mulato jamaicano, y la piel, tomada de su espalda, había sido tratada para parecer piel de ciervo gris. Peter Low no se percató, al principio, de la naturaleza exacta del material que tenía en sus manos. Sin embargo, al finalizar su jornada, estaba profundamente alterado, y las pesadillas le asaltaron a la noche siguiente.

***

Extracto de una carta de John A. Fenno, presidente de la Compañía Ferroviaria de Boston, Revere Beach y Lynn:

"Nuestro abuelo, John Fenno, fue atacado por un bandido llamado Walton. Mi padre me contó que él y su compañero Payson viajaban de vuelta a casa esa mañana cuando, cerca de Powderhorn Hill, en Chelsea, Walton les detuvo y les exigió su dinero. Payson saltó del carromato y echó a correr. Nuestro abuelo se abalanzó sobre el asaltante y recibió un disparo. Regresó al carromato, descubriendo que no estaba herido de gravedad, y volvió a Boston. Su hija diría más tarde que un botón del abrigo le salvó la vida: la bala se desvió y tocó la carne pero no el hueso".

Walton fue capturado y sentenciado a una larga condena en la Prisión Estatal. Murió allí. Antes de morir, mandó llamar a Fenno y le dijo que deseaba estrechar la mano de un hombre valiente. Aunque Walton había sido ladrón durante muchos años, ningún hombre se le había enfrentado antes. Fue atendido por el doctor Bigelow, de Boston, y solicitó de él que se publicase el libro que había escrito sobre su vida, y que dos copias de él fuesen encuadernadas con su propia piel. Así se hizo. Uno de los ejemplares fue entregado al doctor Bigelow, y el otro a John Fenno. Su hija, Mrs. M. H. Chapin lo donó a la biblioteca del Ateneo de Boston, porque sus propios hijos solían asustar a otros niños del vecindario enseñándoles el macabro libro del abuelito. En la versión que ella da de los hechos, John Fenno capturó a Walton y lo llevó a Boston consigo.

***

Qué bella, ejemplar y edificante historia, ¿verdad? Y es que el crimen no compensa, Amigos. Dicho lo cual, me voy a mis quehaceres, que hoy son muchos y engorrosos, no sin antes dejarles un breve listado de otros libros que también fueron encuadernados con lo que viene siendo el cutis. Hagan sus búsquedas, vale la pena.

OTRAS MARAVILLAS DE LA ENCUADERNACIÓN ANTROPODÉRMICA


*El diccionario de Samuel Johnson fue encuadernado con la piel del criminal James Johnson, después de que éste fuera ahorcado en Norwich, en 1818.


* La colección de libros raros de la biblioteca Langdell Law, en la Universidad de Harvard posee un antiguo tratado español de leyes, escrito en 1605: el Practicarum quaestionum circa leges regias Hispaniae. La biblioteca lo adquirió por 42 dólares a un vendedor de libros antiguos, de Nueva Orleans. No fue noticia hasta 1990, cuando el conservador David Ferris estaba examinando el catálogo de la biblioteca y encontró una anotación en la última página de los libros que rezaba así:

La encuadernación de este libro es todo lo que queda de mi querido amigo Jonas Wright, que fue despellejado vivo por los Wavuma el cuarto día de agosto de 1632. El rey Btesa me dio el libro, una de las escasas posesiones del pobre Jonas, junto una parte abundante de su piel para encuadernarlo. Descanse en paz.

[Se cree que los Wavuma eran una tribu africana de la región que actualmente conocemos como Zimbabwe.]


*El Museo de Bury St Edmunds, en Suffolk, Inglaterra, posee uno de los ejemplos más conocidos de encuadernación antropodérmica. El sumario del juicio contra William Corder por el asesinato de la joven Maria Martin en 1827, fue encuadernado con la piel del asesino. Y miren qué tocho:

Expediente del juicio de William Corder

Pueden leer la historia completa del crimen y el juicio en

http://www.exclassics.com/newgate/ng597.htm


*La Brighton & Hove City Libraries considera que el libro más infame que posee en su colección es el Trinum Magicum, manual de magia impreso en 1573, encuadernado en piel humana.


*La Biblioteca Pública de Cleveland guarda un Corán encuadernado en la piel de su anterior propietario, el jefe de una tribu árabe, que era profundamente devoto y dejó dispuesto que, a su muerte, así se hiciera.


*Corren numerosas versiones de esta historia: una condesa, que padecía tuberculosis, acudió a visitar al astrónomo francés Camille Flammarion, de quien estaba enamorada, y le ofreció parte de su piel para que encuadernase su obra Terres du Ciel. En una de las versiones, ella le invita a su castillo y le dice que debe aceptar un regalo cuando ella haya muerto, a lo que él accede sin saber de qué se trata. En otra versión de la historia, la condesa decide entregarle su piel para que nunca la olvide, después de que Flammarion hubiera alabado sus hermosos hombros. Y en una última variante, ella lleva la imagen de él tatuada en el trozo de piel que quiere regalarle. De cualquier forma, la inscripción en el libro indica que él sólo supo que la donante de la piel era una mujer. Sin conocer más detalles del asunto, el libro fue encuadernado con la piel y depositado en el observatorio de Juvisy.


*La traducción de las Geórgicas de Virgilio que hizo Jacques Delille fue encuadernada con su propia piel. Alguien la robó subrepticiamente de su cadáver, mientras estaba en la capilla ardiente.


*Si alguna vez aparece en alguna parte, todos los Lectores Constantes saben que este libro

Necronomicon

estará encuadernado en piel humana. Faltaría más.


Ahora sí que hemos terminado, porque me estoy quedando sin café y sin tabaco. Voy a aprovisionarme de ambas cosas. Ustedes vayan a la biblioteca y pasen la mano por los lomos y las cubiertas de los libros. Porque nunca, nunca se sabe.

Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera, donde venderemos muy caro nuestro pellejo.
Constant Reader.

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Date:2006-05-07 08:04
Subject:Salvo el crepúsculo
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Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Breve entrada la que les traigo hoy, Amigos, porque está amaneciendo de cojones y aliquando bonus dormitat Homerus y toda la vaina. Y porque, además, resulta que tengo el ánimo ferozmente primaveral, y lo mismo me subo por las paredes que me tiro por los suelos. Entre acrobacia y acrobacia, ocurre que estoy acumulando material jugoso para ustedes, que ya rezuma y rebosa, que está empezando a criar hijos... y que cada vez que me siento a escribirlo, acabo haciendo cosas que me avergonzaría de contar en los foros de amantes del tapir. Dejémoslo ahí. Ya se me pasará.

Mientras tanto, vamos a intentar romper la maldición, y vamos a hacerlo retomando una sección que ustedes, Lectores Constantes de Frágil Memoria, seguramente ya habían dado por perdida en el olvidadero. Mea culpa, mea culpa, lo sé. El ánimo primaveral, no me lo tengan en cuenta.


ENCONTRADO EN EL ÚLTIMO LIBRO

Es decir, encontrado en unas fotocopias que, quién sabe cómo, fueron a parar dentro de un libro, que a su vez estaba tan perfectamente oculto por otro libro más grande que llevo todos estos años convencida de que lo había perdido. Alegría, alborozo y una fanfarria de trompetas cuando lo encontré y lo abrí y cayeron las fotocopias. Hay tesoros en todas partes, como decía Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmunta Efraemsdotter Långstrump.

[O sea, Pippi Calzaslargas, que sí, que era muy punk, tenía un mono y un caballo, hacía lo que le daba la gana, se reía de la policía en su puta cara y todos querían ser como ella. Pf. A mí me parecía una lista de los cojones, y perdonen mi francés. Pero tenía razón, y en todas partes hay tesoros.]

Entre ellos, la palabra de hoy, y que pueden leer en la última estrofa de este poema:


LA ROSA DEL RELOJ

Es la hora de los enigmas,
cuando la tarde del verano,
de las nubes mandó un milano
sobre las palomas benignas.
¡Es la hora de los enigmas!

Es la hora de la paloma:
sigue los vuelos la mirada
de una niña. Tarde rosada,
musical y divina coma.
¡Es la hora de la paloma!

Es la hora de la culebra:
el diablo se arranca una cana,
cae del árbol la manzana
y el cristal de un sueño se quiebra.
¡Es la hora de la culebra!

Es la hora de la gallina:
el cementerio tiene luces,
se santiguan ante las cruces
las beatas, el viento agorina.
¡Es la hora de la gallina!

Es la hora de la doncella:
lágrimas, cartas y cantares,
el aire pleno de azahares,
la tarde azul, sólo una estrella.
¡Es la hora de la doncella !

Es la hora de la lechuza:
descifra escrituras el viejo,
se quiebra de pronto el espejo,
sale la vieja con la alcuza.
¡Es la hora de la lechuza!

Es la hora de la raposa:
ronda la calle una vihuela,
porta la vieja a la mozuela
Un anillo con una rosa.
¡Es la hora de la raposa!

Es la hora del alma en pena:
una bruja en la encrucijada,
con la oración excomulgada
le pide al muerto su cadena
¡Es la hora del alma en pena!

Es la hora del lubricán:
acecha el mochuelo en el pino,
el bandolero en el camino,
y en el prostíbulo Satán.
¡Es la hora del lubricán!



Esto lo escribió Valle-Inclán, y a lo mejor otro día, cuando se me haya pasado el arrebato primaveral, les cuento alguna cosa de él, que lo merece. No por lo que escribía, que también, sino porque el hombre iba por la vida con esta pinta tan estupenda:


Sería rarito, pero iba hecho un pincel.


Un tío con gafitas, barba de patriarca bíblico, zapatos estupendérrimos y una manga de sobra. Les adelanto la explicación y les ahorro el paseo por Google, que ya no son horas. Don Ramón tenía tendencia al encabronamiento repentino. Cuando le daba un satán, escupía insultos, bilis y espumarajos por la boca y desafiaba a duelo a quien se le pusiera por delante. Grrrrmfrrgghijosdeputaargghfhs, y todo eso.

En uno de estos arrebatos, se enzarzó con el periodista y crítico Manuel Bueno, que también era de la cofradía de la mano de hostias y que respondió a la sarta de insultos soltándole a Valle un contundente bastonazo en la muñeca. La cosa podría haber quedado en una fracturilla de andar por casa y poco más, porque un bastón no es una espada japonesa, pero el golpe le incrustó en la carne los gemelos que llevaba puestos. Eso es lo que pasa por echarse a las calles hecho un figurín, Amigos.

Total, que la herida se infectó, Valle la descuidó, y aquello acabó por gangrenarse y no quedó más remedio que amputarle el brazo. Trrchack! Naturalmente, a Bueno le comía la culpa, así que fue a pedir excusas en cuanto tuvo oportunidad. ¿Y qué le dijo Valle, como quien no quiere la cosa?

-No se preocupe, aún me queda el otro, que es el de escribir.

Efectivamente, amigo. Le quedaba un brazo y además un envidiable espíritu de ahí me las den todas, porque prueben, prueben ustedes a atarse unos lustrosos botines acharolados con una sola mano, por no hablar de otras funciones un poquitín más necesarias, y ya me dirán si se lo tomarían con ese cuajo.


En fin, que me pierdo y que sigue siendo primavera. ¿Se han quedado con la palabra? Pues vamos a ver qué cuenta el diccionario:

lubricán.
(De lupus, lobo, y canis, perro, infl. por lóbrego).
1. m. crepúsculo.

Haciendo una búsqueda rápida por la red, observarán que casi todos los resultados conducen a este poema o a una página de caza o de armerías. No es que se use mucho, esto del lubricán. Suena un poco sucio, ¿verdad? Pues ya saben lo que les toca, Amigos Lectores. Ármense de coraje y úsenla a discreción. Si quieren un contexto apropiado, esperen a estar a solas con el objeto de su lujuria, entornen así los ojos (sí, así, con mirada lúbrica) y digan sin temor:

-Cúbreme de besos, sirena, que es la hora del lubricán.

Si el objeto pone cara de pasmo (comprensible), o se parte de risa (más comprensible aún), puede usted estar tranquilo. Si pilla las dos referencias, santo Dios, póngase la ropa y salga de ahí a uña de caballo, porque está usted en las garras de un Lector Muy Muy Constante. Y menudo coñazo.

Me voy a dormir. Despiértenme el 21 de junio.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde acecha el mochuelo en el pino, tan feliz.
Constant Reader.

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Date:2006-04-26 14:03
Subject:Unas cuantas bendiciones
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*La bendición de Yaveh Elohim caiga sobre Truman Capote y sobre la librería Paradiso.

Crucero de verano


*La bendición de Alá, el compasivo, el misericordioso, caiga sobre Adam Jacot de Boinod y sobre Amazon.

The Meaning of Tingo


*La gracia de Vishnú (por decir uno) se derrame sobre Jardiel Poncela y sobre las librerías de segunda mano.

Lo difícil que es pisar el asfalto en Broadway

Benditos sean también ustedes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes que siguen fielmente esta Guía para Simplificar un Poquito la Vida. Por bendecir, que no quede.

Yo me voy a leer unas cosas y escribir otras: tengo promesas que cumplir. Ustedes vayan a la biblioteca y llévense a sus amigos.

Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera, donde se acerca el verano.
Constant Reader.

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Date:2006-04-24 13:57
Subject:En el país del agua
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Una breve entrada para reseñar el éxito de la Liberación Masiva de Libros que tuvo lugar ayer, domingo 23, en la fuente del Paseo de Begoña, organizada por el foro asturiano de

http://www.bookcrossing.com.

Tenía pensado celebrar el Día del Libro quedándome en la camita y leyendo Sexual Personae, hermoso tocho escrito por Camille Paglia y editado por Valdemar, porque en el Hogar Constante todos los días son el Día del Libro, y porque los domingos matan más hombres que las balas. Pero al final se impusieron las circunstancias. A saber:

- vivo tan cerca del Paseo de Begoña que podría arrojar los libros a la fuente desde mi terraza,
- la Biblioteca Constante tiene en sus fondos más de un libro completamente prescindible y
- me debo, ya lo saben, a mis Lectores Constantes. Sin excusas.

Así que salté de la cama, me di una ducha y bajé al Paseo, llevando conmigo esos libros horribles y mi hermosa e indomable cámara de fotos. La consigna de la Liberación era dejar los libros flotando en la fuente, lo que me intrigaba no poco, porque el libro tiene unos cuantos enemigos naturales, que son el agua, el fuego, el tiempo, el clima, los animales y la tontería, básicamente. Y hasta los libros de Pedro Ruiz merecen un destino mejor que el fondo de un pozo. Los inviernos son fríos y la leña va cara.

La fuente, además, está lejos de ser un pacífico estanque de aguas quietas. Los domingos y fiestas de guardar tiene este ominoso aspecto:

Sploash choaflsh
¿Sequía? ¿Qué sequía?


Di un breve paseo en torno a la fuente, buscando la respuesta al enigma, y entonces me topé con un grupo de desconocidos que se arremolinaba en torno a un banco cargado de libros.


Libros sobre el banco
Había más, pero mi cámara y yo no somos un equipo ganador.


Para ser del todo sinceros, la pila de libros era pequeñita. Había mucha variedad y poca cantidad, con lo que no tuve más remedio que vencer mi natural timidez y acercarme al grupo para ofrecerles mi modesta aportación al asunto. Saludaron, saludé, hubo una breve y embarazosa ronda de presentaciones (yo soy Franciscojosé, mi nick es comelibro; yo soy Marisa, mi nick es piedraluna28, encantada) y entonces se hizo la luz sobre el misterio de los libros flotantes.


Libros en bolsas
Bolsas herméticas, Watson. Ésa es la respuesta.

Me uní al trabajo y empaqueté un par de libros, hasta que un Liberador más curtido en esos asuntos se fijó en mi desastrosa técnica y vino a relevarme. Manos de mantequilla, me llamaba mi anciano abuelo. Plastificados ya todos los libros, los Liberadores abandonaron el campamento base y se dispersaron alrededor de la fuente. Una, dos, tres, y al agua.

La Armada Ilegible

¿Se hundirán? ¿Flotarán un ratito y luego se irán al fondo?

Ancho mar de los sargazos

Pues no, parece que el plástico aguanta. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, oiga.

Viento en popa a toda vela


Fue entonces cuando los domingueros paseantes, que llevaban un buen rato preguntándose qué delito estaría perpetrando ese grupo de jovenzuelos, se acercaron cautelosamente a la fuente. Los Liberadores empezaron a repartir un folletito informativo que explicaba lo que es el bookcrossing y por qué es justo, necesario y divertido. Los transeúntes cogieron el folleto, lo guardaron sin mirarlo y se lanzaron directamente a la caza del libro gratis.

Ese libro de ahí tiene buena pinta
¿Y dice que me lo puedo llevar? ¿Sin pagar? ¿Cuántos puedo coger?

Mientras los domingueros se daban a la caza con bastante maña (mención especial para una ancianita que consiguió pillar unos cuantos libros y mantener a otros cazadores a prudente distancia empleando su bastón con singular destreza), los Liberadores hicieron fotos, charlaron con el periódico local y estimularon a los indecisos.

La cosa se animó y los cazadores también. Cada hallazgo rescatado de las aguas era saludado con aplausos y vítores por parte del atento público. Seguramente influyó el hecho de que no hubiera entre las presas ni un libro de Paulo Coelho o Espido Freire, porque se trata de regalar libros, no de hacer el mal.

Vean, vean qué fieros depredadores acudieron al olor de la tinta:


Este pa mi nieta
¿No tenéis el libro ése del Código? Sí, hombre, el de la iglesia satánica. ¿No? Vaya por Dios.


Si hay que mojarse, nos mojamos.
¡Mío! ¡Mío!


Sí, ella también.
Intentando pillar un Vargas Llosa, por ejemplo.


Futuro liberador de libros
Jo, qué abusones. No han dejado ni uno.


Joven cazador.
Es que hay que ser más rápido, Joe.


Jóvenes cazadores
Así de guapos son los Futuros Lectores Constantes.


En resumidas cuentas, la Liberación fue todo un éxito. Un par de libros, sin duda embolsados por manos torponas (lará, lará), se empaparon y tuvieron que ser rescatados de las aguas por los expertos Liberadores. Aún están recuperándose, pero ya han salido de peligro y aguardan su próxima Liberación. El resto, lenta pero inexorablemente, fueron cayendo en manos de los cazadores, que se retiraron a un paraje tranquilo a saborear su presa. Apenas dos libros resistían aún en mitad de la fuente.


Resistiré
¡Aguanta! ¡Eres un best-seller! ¡Aguanta!

Finalmente, los heroicos supervivientes fueron también atrapados y la Liberación llegó a su término. Los Liberadores recogieron sus bártulos, se sacudieron el agua y se retiraron ordenadamente, camino del carajillo que se habían ganado. Yo decliné graciosamente la invitación a acompañarlos, porque

- soy como los belgas, de quienes se dice que se levantan a las 7:00 de la mañana pero se despiertan a las 9:00,
- la Biblioteca Constante me llamaba con su apremiante voz para que volviera a su seno y porque, además,
- todos parecían muy amables y simpáticos, pero un domingo de Liberación sigue siendo un domingo. Una mierda.

¿Conclusión? La Liberación de Libros es algo bello y divertido. Si en su ciudad se organiza una, no dude en asistir, Amigo Lector. Aporte al fondo común todos esos libros de Antonio Gala que ya sabe que nunca leerá, y que su encantadora tía Juana se obstina en seguir regalándole. Algún Lector Anónimo se lo agradecerá, porque la basura de un hombre es el tesoro de otro, no me cansaré de decirlo.

Liberen libros. Encuentren libros. Compren libros. Vayan a la biblioteca, a las librerías de segunda mano, al rastro. Apúntense al bookcrossing. Hagan como ella:

Nena bella y culta
Donde esté Kenzaburo, que se quite el potito de frutas.


Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera, donde nunca tendremos suficientes libros.
Constant Reader.

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Date:2006-04-20 20:30
Subject:Un día cualquiera para el Lector Constante
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Estoy preparando para todos ustedes (y para mi propio regocijo) dos entradas harto bellas sobre asuntos justos y necesarios. Las drogas y lo que se escribe en las paredes, concretamente. Esas cosas llevan su tiempo, así que hoy me limito a hacerles un par de sugerencias que pueden ser útiles para el Lector Constante.


LA NOCHE DE LOS LIBROS

Que, en realidad, sólo resulta de utilidad para los Lectores Constantes que residan en Madrid, aunque seguramente cada ciudad organiza sus propios fastos. Pueden encontrar los pormenores del evento en

http://www.lanochedeloslibros.com

Les copio la descripción que la página hace del asunto. Las negritas y cursivas son del texto. La ilustración la encontré por ahí:

***

La Noche de los Libros es una iniciativa de la Comunidad de Madrid que nace con el objetivo de convertir anualmente la lectura en una fiesta. Una gran celebración que se prolongará a lo largo de 9 horas consecutivas, desde las 17.00 hasta las 2.00 de la madrugada. Un encuentro cultural sin precedentes. Escritores, artistas, fotógrafos, músicos, actores, cineastas... protagonizarán un intenso programa de actividades que se prolongarán hasta la madrugada y que convertirá en extraordinario algo tan cotidiano como la lectura de un libro.

Las librerías serán las grandes protagonistas de la fiesta de la lectura. Desde las 17.00 h., más de setenta librerías de la Comunidad invitarán al público a diferentes encuentros con autores y a disfrutar de actuaciones musicales en directo. En un horario excepcional, a partir de las 20.00h. y hasta medianoche, las librerías participantes aplicarán el 10% de descuento en la venta de libros.

También las bibliotecas de la Comunidad de Madrid se sumarán a la celebración y acogerán, durante toda la jornada, un vasto programa de actividades para públicos diversos: encuentros con escritores, conciertos, recitales de poesía, cuentacuentos…

La Noche de los Libros tendrá como invitado de excepción al escritor portugués António Lobo Antunes, que impartirá una conferencia en el salón de actos de la Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid.

Señorita leyendo en completa soledad. Bravo.

El cantaor José Menese, por otro lado, ofrecerá un recital flamenco en homenaje a la poesía española del Siglo de Oro, en la Real Casa de Correos, sede de Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Los espacios culturales de Madrid abrirán sus puertas a La Noche de los Libros. El Círculo de Bellas Artes ofrecerá “combates” dialécticos entre pesos pesados como Paul Preston o Jorge Herralde, y representaciones de spokenword por John Giorno; la Casa de América organizará lecturas de textos a medianoche con Eva Hache o Chema Madoz; y La Casa Encendida rendirá homenaje al libro con la proyección de la película Fahrenheit 451, de Truffaut.

La Noche de los Libros tendrá lugar también en los cafés, en los teatros y en la calle. El Café Gijón y el Café Central acogerán tertulias sobre actualidad literaria y paralelamente, en once funciones de teatro, los actores realizarán lecturas públicas de textos al término de sus representaciones. En el Teatro de la Abadía podremos asistir a un encuentro especial con los actores. Y en la calle podremos disfrutar de música de repertorio clásico, grupos de jazz, rock, swing… y la celebración culminará con una gran fiesta en FNAC.

***

¿Qué puedo decirles, Amigos y Desconocidos? Leer es una actividad solitaria, salvo cuando uno queda con los amigos para leerse en voz alta cuentos de misterio, suspense o terror. Todo este pifostio alrededor del sencillo acto de escribir o leer un libro me aturde un poco, para qué voy a mentirles. Pero hay descuentos y es posible que António Lobo Antunes tenga algo interesante que decir, así que yo les informo y ustedes deciden si vale la pena ir a escuchar a Eva Hache o unirse a la FNAC en lo que sea que está celebrando.

Para los Amigos Lectores con Dos Dedos Más de Frente, tengo algo mejor.

EL INTERCAMBIO DE LIBROS

Seguramente habrán oído hablar de esa kármika iniciativa de soltar libros por las esquinas para que los recoja el primero que pase, ¿verdad? Si no es así, pinchen aquí y echen una ojeada. Hay secciones en español, para los que no entienden ni jota del idioma de John Cleese.

Bookcrossing

http://www.bookcrossing.com

Los amigos de Bookcrossing liberan libros durante todo el año, pero en momentos puntuales organizan liberaciones masivas. Si usted, Amigo Lector, reside en Gijón o piensa estar allí el día 23 de este mes, que es domingo, no deje de pasarse por el Paseo de Begoña. Allí, en la enorme y horrorosa fuente del paseo, se liberarán un buen montón de libros. Y allí estará su Fiel Lector Constante, deshaciéndose de porquerías como El Ocho, de Katherine Neville, que fue regalado a la Biblioteca Constante por un familiar tan amable como desinformado, o Rosas Negras, de Philip Margolin, que es una novela con asesino en serie y, además, una mierda de dimensiones aterradoras.

La basura de un hombre es el tesoro de otro, Amigos. Así que vayan, dejen esa bazofia que adquirió su padre en el Círculo de Lectores, y llévense algo que sea más de su gusto. En la página arriba indicada pueden leer las instrucciones para liberar un libro de la forma correcta. Si no les apetece hacerlo así, háganlo como gusten.

Con esto terminamos por hoy. Vayan a la biblioteca, préstense libros unos a otros, pasen por la librería de segunda mano y sean buenos y fieles Lectores Constantes. Todo el año.

Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera, donde hay tanta tontería oficial.
Constant Reader.

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Date:2006-04-13 11:51
Subject:¿Cómo no se me ocurrió?
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Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Lo sé, les he tenido abandonados a su suerte durante un par de días, justo cuando ya se estaban acostumbrando al nuevo y vertiginoso ritmo de actualización, y ahora vagan cabizbajos por los pasillos, incapaces de decidirse entre un libro y otro.
Lamento mi desidia. He estado ocupándome de asuntos que no admitían demora. Mis fantásticos planes para sojuzgar al planeta y oprimirlo bajo mi bota requieren largas horas de estudio y esfuerzo. Pero algún día... algún día todos ustedes acentuarán las mayúsculas o serán exterminados! Uajuarjajjjaja!

Hasta entonces, vamos a leer algo divertido. Un hallazgo lingüístico que les exhorto a incorporar a su lista de frases habituales, porque es bello y lo merece. Redoble de tambores, maestro, porque vamos a dar paso a:

El espíritu de la escalera

Esta hermosa expresión, que proviene del francés l'esprit de l'escalier no hace referencia a ese vano fantasma de niebla y luz que baja la escalinata con su propia cabeza bajo el brazo, camino del salón de baile, no. La frase se atribuye al enciclopedista Denis Diderot, que la cita en La paradoja del comediante (escrita entre 1773 y 1878 pero publicada en 1830).

El escritor francés Rémy de Gourmont la menciona en Le livre des masques, en el capítulo sobre Villiers de l'Isle-Adam y hasta se toma la molestia de explicarla:

Il avait l'esprit de l'escalier, celui des gens qui, parvenus à la marche du bas, se retournent pour répondre par un bon mot à ce que vous leur avez dit quand ils étaient encore à l'étage.

Muy habitual en las obras francesas, la expresión no aparece en la literatura inglesa hasta principios del siglo XX. El primer uso documentado de esta sentencia, aunque empleada en un sentido inverso, se encuentra en la novela Zuleika Dobson, del internacionalmente desconocido escritor Max Beerbohm ( fechada en 1911):

What ought he to have said? He prayed, as he followed the victorious young woman downstairs, that l’esprit de l’escalier might befall him. Alas, it did not.


Vámonos, querida.


De su empleo en español no he tenido noticias, lo que es una auténtica lástima. Algún Amigo Lector habrá podido leerla en la traducción española de Muerte: el alto coste de la vida, de Neil Gaiman.

Para los demás, ahí va la definición más precisa que he podido encontrar:

L'esprit d'escalier. C'est ainsi que l'on qualifiait l'esprit des personnes toujours en retard d'une bonne réplique. Ce n'est qu'en bas de l'escalier, lorsqu'elles quittaient le salon de leur hôte, qu'elles se disaient : Ah zut ! J'aurais dû répondre ceci ou dira cela.

Es decir:

El espíritu de la escalera. Así es como calificamos el espíritu de esas personas a las que siempre se les ocurre tarde la réplica buena. Cuando ya han salido de la habitación, cuando están bajando las escaleras, es entonces cuando se dicen: "¡Mierda! ¡Tendría que haberle dicho esto, y esto otro, y...!".

Hay que puntualizar que, en el siglo XIX, la mayoría de las mansiones tenían el salón en la segunda planta, lo que permitía al humillado lechuguino descender un buen número de escaleras antes de dar con la respuesta que hubiera dejado destrozado a su rival, de haberla dicho en el momento adecuado.

Si usted, Amigo Lector, es de los que vuelven a casa mordiéndose los puños por no haber podido responder al sarcasmo de su ex con un buen dardo emponzoñado, pero luego pasa toda la noche ideando réplicas hirientes para la próxima ocasión, considérese bienvenido al espíritu de la escalera.

Los demás, recuerden la sentencia y úsenla a discreción. Que no se diga que Francia sólo nos ha dado el croissant, la vichysoisse y el petit point. Parbleu!

Y tengan cuidado ahí fuera, donde ya es demasiado tarde para volver y epatar a los petimetres.
Constant Reader.

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Date:2006-04-09 20:41
Subject:Io ti prometo vendetta!
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Ayer no terminé la actualización de los epigramas porque me fui a ver V de Vendetta. Si usted, Amigo Lector, tiene pensado ir a verla, hágase un favor: lea antes el cómic. Así podrá salir de la película con el mismo cabreo que Alan Moore, que renegó de su participación, se retiró del proyecto y no permitió que su nombre figurase en los créditos. La película hace agua por muchas vías, pero se deja ver y por lo menos tiene un reparto decente y muy británico (porque Inglaterra prevalecerá):

a) Stephen Rea, haciendo el mismo papel de irlandés acongojado que hace siempre. Es que con esa cara, chico, estás predestinado a llamarte Colm Kiernan, beber como un nenúfar y tener doce hijos con la buena de Fiona.

Más joven y luciendo lustrosa cabellera
Que Dios te bendiga y te saque con vida de la taberna, Fergus.

b) Rupert Graves, bastante más canoso que cuando fornicaba con Maurice o perseguía por la campiña al desquiciado rey Jorge.

Joven y apetecible Rupert
Con el pelo cuidadosamente desarreglado, soy el terror de las saunas.

c) John Hurt, que provoca feroz e incontrolado goteo de los colmillos de Quien Suscribe, ya esté interpretando a

Calígula,

En Yo, Claudio, haciéndole putadas a Derek Jacobi
Voy a decapitaros a todos en cuanto termine de peroxidarme el pelo, por Júpiter.

al Cuentacuentos,

En El Cuentacuentos, con una nariz portentosa
Hace muchos, muchos años... emitían por la tele series mejores que Cuéntame.

al desdichado Kane, con el Alien centollo abrazándole la cara,

En Alien, pobrecito mío.
Si salgo de ésta, dejo de fumar. Prometido

o al no menos desdichado Joseph Merrick.

En El hombre elefante, con un poquito de maquillaje
Yo... ¡yo no soy un animal!¡Soy... un Lector Constante!

d) Stephen Fry, que encarna al personaje más alterado en la transición del cómic a la película, y que es una versión actualizada de su papel en Los amigos de Peter.

Fotografiado por Arthur Steele
¡Chicas! ¡Chicas! ¡Conteneos!

e) Tim Piggott-Smith. Los Lectores Constantes con Dos Dedos de Frente recordarán su intervención en la bellísima Furia de Titanes.

El viril Talo
La maldición no es el kraken, amigos, es el peluquero de Harry Hamlin.

Olviden, Amigos, su participación en la indigna y nefasta película sobre Alejandro Magno, y quédense con el papel que le ha dado la inmortalidad del plástico:

Talo y Perseo
Con su poderoso giro de cintura! (Incluye faldita de gala)


El resto del reparto, Natalie Portman con la cara de pan de kilo que se le puso justo después de León: el profesional y Hugo Weaving, si es que era él y no Meryl Streep quien estaba bajo la máscara, están bien pero no son británicos. No es delito tener otra nacionalidad que la británica, pero es una pena. Y si no están de acuerdo, miren esto.

Dos ciudadanos británicos cualesquiera
¡Bondad divina! Somos ingleses y llevamos los mejores abrigos.

En resumen, que como la película no es gran cosa, pueden ustedes invocar a cualquiera de estos caballeros como excusa para ir a verla. Yo confieso que voy a ir a ver El Código Da Vinci y voy a hacerlo por Ian McKellen (y un poquito por Paul Bettany, ehem). Dejémoslo aquí.

Mañana más epigramas. O cualquier otra cosa que les haya prometido largo tiempo atrás.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde se trama una vendetta.
Constant Reader.

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Date:2006-04-08 16:30
Subject:Pues tu madre más
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Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.


Vamos a empezar a cumplir las viejas promesas. ¿Se acuerdan del regalo de cumpleaños que me hizo mi bello amigo R.em? Yo les refresco la memoria.


El Epigrama Español

Es decir:

Interior

Prometí hablarles más detenidamente del epigrama, que es un género breve que me conviene bastante, porque tengo que salir a espetaperro dentro de un rato si quiero llegar a tiempo de ver V de Vendetta. Así que vamos allá.

EPIGRAMA: m. Inscripción en piedra, metal, etc. Composición poética breve que encierra un pensamiento satírico o festivo. Pensamiento expresado con agudeza e ingenio.

O, más minuciosamente:

EPIGRAMA: (Del lat. epigramma: inscripción) Poema breve que generalmente comprende un apunte ingenioso en cuatro o cinco versos. Los hay satíricos, eróticos, costumbristas, etc. Etimológicamente el término epigrama se usa para referirse a composiciones grabadas en piedra; los primeros epigramas fueron de caracter funerario. El máximo exponente de este género literario es el escritor hispanolatino Marco Valerio Marcial (Bílbilis-Calatayud, apróx. 40- apróx. 104), que escribió alrededor de mil quinientos epigramas reunidos en doce libros.

Este libro bellísimo incluye muchos epigramas del caballero Marcial, por su origen hispano, y otros tantos de diferentes autores y épocas. Algunos tienen poco sentido para el Lector Moderno, porque tratan de asuntos populares de los que no tenemos información suficiente. Pero, en general, el epigrama consiste básicamente en ofender con ingenio, para que la burla sea celebrada, y con rima y brevedad, para que sea fácilmente recordada y transmitida. También los hay de otro tipo que no es necesariamente ofensivo, pero no los trataremos aquí, porque ustedes quieren carne y sangre, y yo también.

Como cualquier insulto en el que el autor pone las tripas, el epigrama tuvo mucho éxito en todas las épocas. La vieja costumbre de sacarle coplas al penco del pueblo, o las cancioncillas de caca, pedo, culo y pis de los niños en el recreo son herederas directas del epigrama. El tema tampoco ha variado mucho a través de los siglos, porque seguimos siendo la misma raza de gañanes que ya eran nuestros ancestros, así que los epigramas antiguos y actuales disparan contra:

*los médicos y esa manía que tienen de matar a los pacientes, y los abogados.
*los políticos, que roban y mienten en Roma y en Marbella.
*las mujeres y, por supuesto, las putas, que son instrumento de Satán.
*los cornudos, por si acaso no tuvieran bastante con lo suyo.
*los curas, no hará falta explicar por qué.
*los homosexuales, por esa cosa tan racial nuestra de apedrear al que no se nos parece.
*los colegas, porque comen del mismo plato que nosotros.
*los pedantes, porque lo merecen.
*los ricos avaros, porque de eso siempre ha habido.

Y un largo etcétera, Amigos, que imagino que no tengo que detallar. Piensen en su odio favorito y seguro que tiene un epigrama escrito en alguna parte. Así que, sin más dilación, les dejo un extracto de los epigramas del libro, por riguroso orden cronológico. Levanten el dedo medio y lean, lean:

****************************
MARCO VALERIO MARCIAL
****************************

*Acerca del médico Diaulo

Era cirujano Diaulo,
y es ahora enterrador;
de esta manera practica
la medicina mejor.

*Contra Zoilo

¿Por qué quieres tú manchar,
Zoilo, el baño, en él lavando
tu culo? Lava tu cara
y quedará más manchado.

*Acerca de Thais

Es Thais de tan mal aliento,
como el de vajilla vieja
que rota en la calle deja
bodegonero avariento.

Menos boca de león
hiede, menos contamina
una piel transtiberina,
menos en celo un cabrón.

Menos huevos detenidos
que sus pollos abortaron,
menos vasos que guardaron
intestinos corrompidos.

Por ver si el hedor tamaño
con algún disfraz se muda,
en hallándose desnuda
siempre que va a entrar en baño

con ungüento el vello arrasa,
cierra los poros con greda,
y lo que del vientre queda
se cubre de habas con grasa.

Pero cuando ya pensáis
que el mal olor ha pasado
con las artes de que ha usado,
siempre Thais hiede a Thais.

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BALTASAR DEL ALCÁZAR
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III

¿Queréis saber de Constanza,
cuán casta y honesta sea?
Que ninguno la desea
que quede con esperanza.

Porque, como ella lo sepa,
luego le aplica el remedio,
sin dejar lugar en medio
donde la esperanza quepa.

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FRANCISCO DE LA TORRE
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X

No teme Paula al francés,
ni al español, ni al romano,
ni al inglés, al persa o medo.
Teme solamente al parto.

XII

Siendo hueso la mujer
que del costado ha salido,
en ella tiene el marido
muy buen hueso que roer.

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JUAN SALINAS
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*A un fraile viejo, mentiroso y falto de dientes

Vuestra dentadura poca
dice vuestra mucha edad,
y es la primera verdad
que se ha visto en vuestra boca.

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LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE
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*A un caballero que estando con una dama no pudo cumplir sus deseos

Con Marfisa en la estacada
entrasteis tan mal guarnido,
que su escudo, aunque hendido,
no le rajó vuestra espada.

Qué mucho, si levantada
no se vio en trance tan crudo,
ni vuestra vergüenza pudo
cuatro lágrimas llorar,
siquiera para dejar
de orín tomado el escudo.

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LOPE FÉLIX DE VEGA CARPIO
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XXIII

Doncellas suelen decir
a muchas, sin advertir
que se han de diferenciar:
que hay doncellas de casar,
y doncellas de servir.

XXV

Hendí, rompí, derribé,
rajé, deshice, rendí,
desafié, desmentí,
vencí, acuchillé, maté.
Fui tan bravo que me alabo
en la misma sepultura;
matóme una calentura.
¿Cuál de los dos es más bravo?

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FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS
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*A un marido que cortó las narices al galán de su mujer

¿Quién te persuadió a quitar
al adúltero infeliz
la nariz, pues la nariz
no te puede deshonrar?
Tonto, ¿qué has hecho en cortar
lo que sólo sabía oler?
Nada perdió tu mujer
en esto, si lo has notado,
pues al otro le ha quedado
con qué volverte a ofender.

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JUAN DE TARSIS PERALTA, CONDE DE VILLAMEDIANA
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*Al marqués de Malpica

Cuando el marqués de Malpica,
caballero de la llave,
con su silencio replica,
dice todo cuanto sabe.

*A Vergel, alguacil de corte, que se adornaba con joyas de su adúltera esposa

I
Bien las sortijas están
en los dedos esmaltadas,
ganadas a cabalgadas
como si fuera en Orán.

II
¡Qué galán que entró Vergel
con cintillo de diamantes!
Diamantes que fueron antes
de amantes de su mujer.

Y con esto nos quedamos hoy, Amigos y Desconocidos Lectores, porque se me ha echado el tiempo encima y tengo que ir a ducharme antes de que me precinte Sanidad. Si leyendo estos epigramas se han aburrido como se aburrían en B.U.P con las clases de literatura española, les dejo una cosa más moderna y más popular.

*Sin título, a mi abuela se lo contaron cuando era pequeña

Si mujer pública es
la que puta se reputa,
la hija de la gran puta
re-pública debe ser.

Y ahí queda otro, del que tampoco conocemos título ni autor.

El que al andar caderea
y, al mirar, los ojos mece,
yo no digo que lo sea
pero a mí me lo parece.

Continuamos mañana. No vayan a la biblioteca, porque es sábado y suelen estar cerradas. Pero lean algo, almas de cántaro, o acabarán pareciendo zoquetes por parte de madre.

Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera, donde todo lo que rima es verdadero.
Constant Reader.

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Date:2006-04-03 16:37
Subject:Addenda
Security:Public

Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Un breve añadido a las aventuras madrileñas de su Fiel Lector Constante. Además de lo anterior, también

i) quedé a comer con mi alto y hermoso amigo A.cy, el cual

*me habló de una empresa harto curiosa.

Si me enteré bien de lo que hacen, que no estoy tan segura, la cosa va así. Usted tiene una pareja, un amigo o un familiar al que desea complacer. Esa persona es un Lector Bueno y Fiel y tiene, como cualquier Lector Constante digno de ese nombre, unos cuantos libros favoritos con los que no calla la boca. Usted, previa investigación exhaustiva de esas preferencias, se pone en contacto con la empresa, contrata y paga. Luego, lleva a su desprevenido amigo a un lugar pactado, donde unos cuantos actores escenifican para el homenajeado, que puede participar y ser el protagonista o quedarse mirando, la escena que usted haya elegido de su libro predilecto, en un escenario ad hoc y con los adminículos que sean necesarios. Ya sea la escena de la fábrica de La conjura de los necios, la conversación del rudo detective con la mala mujer que le rompió el corazón ocho veces, o los diferentes encuentros con personajes estrambóticos que tiene ese crío tan irritante que es El Principito.

Sé lo que están pensando y no, no tengo ni idea, no me acordé de preguntárselo. Pero supongo que los límites están en la pasta que usted quiera pulirse y en las leyes federales respecto al escándalo público. Y, total, para escenificar una escena de Salón Kitty o de Me casé con una lesbiana extraterrestre, tanto le da contratar los servicios de un burdel portuario. Claro que, si su colega lee esas cosas, ya tendrá carnet de socio preferente.

En fin, investigaré un poco más acerca del asunto, y serán ustedes puntualmente informados.

*estaba leyendo y me enseñó esta maravilla de manual:

¿Que me vas a comer el cerebro? ¿Tú y qué ejército de muertos vivientes? Ja!

En las últimas páginas figuraba un índice de futuras obras similares, como la Vampire Survival Guide o la Killer Robot Survival Guide. Ni que decir tiene que están escritas completamente en serio, que dan una serie de consejos muy prácticos para la supervivencia urbana y rural, y que el Lector Constante que Quiera Vender Caro su Pellejo debería echarles un vistazo.

Me voy a comprar entradas para los Buzzcocks. Este miércoles, en Gijón. Venga y salte con nosotros!

O tenga cuidado ahí fuera, donde una mano putrefacta aferra nuestros tobillos.
Constant Reader.

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